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La Vanguardia | Sexo histórico

La Vanguardia | Sexo histórico

09/04/14 por Victor Amela

8 abr. 2014 | La Vanguardia | LUIS BENVENUTY

El periodista, escritor y comentarista televisivo Víctor Amela narra en ‘Amor contra Roma’ la revolución amatoria de Ovidio

El emperador temía que los versos del poeta corrompieran a la juventud La novela de Amela transcurre a través de múltiples conspiraciones

El periodista, escritor y comentarista televisivo Víctor Amela, autor de El cátaro imperfecto, presentó ayer su última novela, Amor contra Roma.

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Y explicó que el emperador Augusto, el que fue uno de los hombres más poderosos de la humanidad, estaba obsesionado con un poeta, con Ovidio. Porque en aquellos tiempos, los poetas inspiraban un supersticioso respeto, porque entonces los poetas tenían la cara oculta de un hechicero, un mago, un embaucador… Los poetas eran la televisión y eran internet. Eran poderosos.

Y Ovidio fue sin duda uno de los más influyentes. Porque sus versos cambiaron la manera de relacionarse entre los hombres y las mujeres, instauraron la modernidad entre los sexos, en el sexo… establecieron que el amor sólo tenía sentido si ambos disfrutaban de veras, si los dos caían rendidos, terminaban vencidos al unísono.

Hasta entonces, los entresijos de la intimidad se venían a reducir a que el hombre satisficiera sus necesidades, detalló Amela. Y las consecuencias de la revolución que trajeron los versos de Ovidio no se circunscribieron al ámbito meramente doméstico. Acecharon y amenazaron las propias estructuras del poder de la todopoderosa Roma. Por ello Augusto estaba tan obsesionado con Ovidio, por ello fue y le…

Sí, la última novela de Amela, que viene de la mano de Ediciones B, es de romanos. Y como todas las historias de romanos la de Amela se materializa en una sucesión intrigas y conspiraciones, de infidelidades y traiciones, suicidios y destierros. Y otras faenas.

“Ahora he intentado hacer un poco de Robert Graves… pero en pequeñito”, dijo ayer modesto. Al parecer, unos cuantos años atrás, Amela vio la legendaria serie de televisión Yo,

Claudio, y quedó muy impactado, muy impresionado.

Y ahí empezó su afición de investigador del pasado, un afán de historiador que ahora se materializa en este relato de corte periodístico sobre lo ocurrido entre el año 18 antes de Cristo y el 18 después de Cristo.

El caso es que Ovidio fue y escribió El arte amatoria –sí, aún persiste el debate sobre cómo debe traducirse el título de esta obra–, y entre sus versos añadió “el placer sólo es completo cuando hombre y mujer caen vencidos a la vez”. Y todas sus palabras desencadenaron una revolución entre los jóvenes romanos bienestantes. No entre la gente llana. Y de repente a los jóvenes cuyo destino era agrandar la gloria de Roma dejó de interesarles invadir países, matar a sus hombres y violar a sus mujeres. De repente sólo les interesaba la seducción, el amor, el placer…

Aquello le robaba el sueño a Augusto, que veía su poder amenazado. Hasta su propia hija, harta de que la casaran por conveniencia con un fulano tras otro, se entregó a esta revolución sexual de la gente bien, incluso se sumó a las conspiraciones contra el emperador. Y Augusto hubiera matado a Ovidio, pero cómo matar ante el mundo al líder de una revolución cultural. Cualquier estratega sabe que es mucho más difícil luchar contra los muertos. Y lo de la hija de Augusto mejor no contarlo, porque…

Sí, la última novela de Amela es una de romanos. Y Amela insistió ayer en destacar el duro y a la par muy entretenido trabajo de documentación que esconden sus páginas. Y su editor subrayó una y otra vez el rigor de la propuesta, su carácter periodístico, de crónica de un momento congelado dos mil años atrás. Pero cualquiera que alguna vez haya leído, escuchado o simplemente mirado a los ojos a Amela sabe que sus líneas no pueden haberse quedado allí, sólo ahí.

A fin de cuentas estamos hablando de una historia universal, de una cuestión que viene obsesionando a la humanidad desde hace veinte siglos. Los anuncios de preservativos hablan de ello todo el rato. Esta obra es, en cierto modo, muy de actualidad. Y sí, reconoció al final Amela, entonces sí que de veras modesto, “tiene algo entre Ben-Hur y Woody Allen. Al menos me gustaría”.

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