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LEVANTE | El último cátaro en Morella

06/05/13 por Victor Amela

El último cátaro en Morella

Víctor Amela recrea en su primera novela los avatares del último cabecilla de esta creencia

16.04.2013 | 00:00

Amela, ayer, rodeado de periodistas y políticos, en una de las plazas de Morella protagonistas de su novela.

“Para mí ha sido como un reportaje periodístico más que como una novela”, dijo el autor, para quien esta novela responde a una génesis muy personal, así como a su interés por el asunto cátaro.
La historia de Belibasta deja en la región a ese hijo del que se perdió la pista, y gracias al que Amela quiere pensar: “Su sangre corre por las venas de la gente de estas tierras e incluso puedo llegar a pensar que soy descendiente de Belibasta”, bromeó.
El periodista catalán, como recordaba al referirse a su infancia-entre El Forcall y Morella- le permitió vivir en un entorno que ahora recuerda como medieval. De ahí dice la facilidad para ambientar su historia. Su primera novela no la considera un riesgo sino una fascinante aventura narrativa.

El periodista Víctor Amela ha debutado en la novela con El cátaro imperfecto, en la que, ahondando en sus raíces familiares, narra la desconocida historia de los cátaros en Morella, en los confines de la Corona de Aragón durante el siglo XIV.
El autor quiso ayer presentar la novela en algunos de los espacios históricos de Morella en los que transcurre la historia de El cátaro imperfecto”(Ediciones B), entre ellos la Placeta dels Tarrascons, que debe su nombre a Tarascon sur Ariège, de donde procedían los cátaros que huían de la Inquisición.
La novela, explicó el autor, surge de un anécdota que él mismo vivió en Forcall, la población de su padre, donde, en el transcurso de unas obras en la casa familiar, los albañiles, al demoler la pared, encontraron un sillar muy labrado, con dos figuras esculpidas, dos palomas besándose, y un puñal de filo curvo con la inscripción en la hoja: “Soch com cal, cuan pincho fai mal” (Soy como debe ser, cuando pincho hago daño, en catalán antiguo).
El propio Amela señaló: “No supe entonces darles un significado al puñal y la piedra que abren y cierran la narración, pero al narrar las peripecias de los últimos cátaros, esos dos objetos, han cobrado sentido y han reclamado su lugar en la historia”.
Lamela sitúa el inicio de la trama de la novela en 1314, “en un momento de repoblación años después de la conquista por parte de Jaume I, cuando está documentado que allí llega Guillem Belibasta, un Perfecto cátaro, que consigue escapar de la prisión de Carcasonne, donde había sido encarcelado por matar al pastor que había delatado a su familia”.
Una delación similar sufrirá el propio Belibasta en sus carnes y acabará ejecutado en Carcasonne.
Amela ha podido acceder a la traducción que un historiador francés hizo del proceso dirigido por el inquisidor Jacques Fournier, que acabará siendo el Papa Benedicto XII, y que se conserva en los Archivos Vaticanos.
Además, buscó toda la documentación sobre la Morella de entonces, en cuanto a las costumbres, los oficios que se practicaban, la visita que hizo el rey Jaume II o el obispo de Tortosa.
Amela, que ayer era recibido por la corporación local y los morellanos con orgullo y con la esperanza de que la novela permita dinamizar el turismo en la zona, aseguraba que “la obra ha permitido descubrir a la población que en el siglo XIV se había instalado una comunidad cátara entre 1314 y 1321”, que el periodista barcelonés piensa que estaba formada por una veintena, repartidos entre Morella y la población cercana de Sant Mateu.
Esa comunidad se habría instalado, según plantea el autor, en la actual Placeta dels tarascons, que “tiene una geometría muy diferente del resto del pueblo y similar a la de muchas poblaciones del sur de Francia”.
Belibasta se habría instalado en Morella y no en Sant Mateu, porque esta segunda población se situaba en el camino que venía de Ariège y el Rosellón hacia Valencia, y, por tanto, podía ser identificado por algún visitante.
Además de la documentación histórica, Amela recurrió al “material sensorial” que acumuló en los meses estivales que pasaba en su infancia en Forcall, que se encuentra a 13 kilómetros de Morella, donde nació su abuelo, Víctor Amela, quien en 1914 emigró a Barcelona.
“En aquellos veranos de la infancia vivía mi propia Edad Media, pues no había agua corriente y se hacía la ‘cuallà’ (cuajada) con leche de oveja, como se elaboraba en aquella época”, rememoró.
El cátaro imperfecto es también la historia de amor secreta entre Belibasta y Raimona, una relación de conveniencia para no despertar sospechas, que acabará con un efímero matrimonio secreto entre Raimona y el discípulo del Perfecto, Mauri.
Amela establece la hipótesis de que el nacimiento secreto de aquel hijo de Belibasta pudo producirse en el Santuario de la Balma, un lugar cercano a Morella, “en un paralelismo con la Balma de Marsella, donde dice la tradición que María Magdalena”.

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