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“El agua aclara la vista”, por Quim Monzó sobre la entrevista de Víctor Amela a Emoto

23/01/13 por Victor Amela

quim monzo habla de una entrevista de victor amela

“El agua aclara la vista”, por Quim Monzó sobre la entrevista de Víctor Amela a Emoto

El domingo, el Magazine publicó una entrevista de Víctor M. Amela a Masaru Emoto, experto en agua, sustancia que considera el alma del universo. Dice cosas interesantísimas, que muchos desconocíamos. Dice, por ejemplo, que el agua “graba las intenciones de cada uno”, que “el agua tiene memoria”, que si en la jarra de agua ponemos una etiqueta que diga “gracias” o “amor”, el agua mejora. Dice que, cuando nos lavamos las manos o nos duchamos, tenemos que amar aquella agua y que tenemos que pedirle “perdón por haberla ignorado y despreciado tanto”. (Aunque muchos de nosotros no la hemos ignorado ni despreciado nunca.) Y mientras hacemos todo eso, tenemos que agradecerle que exista y proyectarle amor. Dice también que al agua le gusta la música “de Mozart y la clásica en general” y que, por el contrario, no le gusta “la música heavy y la estridente” (la estridente que no sea heavy, se entiende, porque la heavy ya lo es per se). Detalle interesante: el agua tiene su melodía preferida: La novia, que cantaba hace un montón de años Antonio Prieto y que dice: “Blanca y radian… te va la no… via. / Le sigue atrás… un novio aman… te / y que al unir… sus corazo… nes / harán morir… mis ilusio… nes”. Pues da igual que el agua nazca de unos manantiales alemanes como que sea del río Yangtsé o de la fuente de Sant Aniol de la Alta Garrotxa: a toda el agua del mundo, por el simple hecho de ser agua, la melodía que más le gusta es La novia. Y, además de amarla, de pedirle perdón y de ponerle su música preferida, ¿qué más tenemos que hacer con el agua? Pues hablarle con afecto. Dice Masaru Emoto que si al agua le dices palabras insultantes, agresivas, violentas o groseras, empeora. En cambio, mejora si le dices palabras dulces y amorosas. Las que más le gustan, por cierto, son las antes mencionadas “gracias” y “amor”.

He visto a personas que hablan al perro o al gato como si hablasen a un niño, he oído decir que la música amansa las fieras del bosque y de la sabana y he conocido gente que explica que a las plantas hay que decirles cosas para que estén contentas y florezcan abundantemente. Que ahora tengamos que hablar al agua me parece un paso más de esa cadena fascinante. Si cuando lleno el vaso de whiskey le dirijo unas palabras galantes, ¿también mejorará? Quién sabe si todas las cosas, todos los objetos, mejoran cuando les hablas. Quizás por eso ves por la calle a tantas personas que parece que hablen solas. Pues no hablan solas, todas esas personas. Hablan al buzón de correos que tienen al lado (para que mejore), hablan al coche que está aparcado en medio del paso de peatones (para que se vaya), hablan al farol a quien nadie da conversación: siempre con palabras “dulces y amorosas”. Octavio Acebes, Sandro Rey, vale más que os pongáis las pilas porque este Masaru Emoto os dejará sin parroquia.

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