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La Contra | Patrycia Centeno, periodista especializada en moda: ‘Nuestros políticos descuidan su coherencia ideoestética’

02/06/12 por Victor Amela

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Tengo 29 años. Nací en A Coruña y vivo en Cardona. Soy periodista. Estoy soltera y sin hijos. ¿Políticamente? ¡Incorrecta!. ¿Dios? Creo según la necesidad y el momento. Rajoy se despreocupa de su indumentaria ¡y nos hace quedar mal!. Las gafas de Artur Mas tienen mensaje. . .

La Contra | Patrycia Centeno, periodista especializada en moda: ‘Nuestros políticos descuidan su coherencia ideoestética’

¿Qué político viste mejor?
¡Barack Obama! Un diez. Por cómo viste, la calidad de las telas, cómo las lleva, cómo se mueve… Sabe estar en toda situación, siempre armónico.

¿Cuál es el truco?
Coherencia entre tu aspecto y lo que dices. ¡Ah, y que la Casa Blanca tiene sastre propio para hacer trajes a medida al presidente!

Más importa que gobierne bien, ¿no?
¡Cuidado! La buena gestión política incluye el aspecto y el atuendo: transmiten mensaje. Todo presidente representa a su pueblo: debe dejarlo en buen lugar… aun callado.

¿Qué político le consterna por eso?
Mariano Rajoy. ¡Confiesa que no le preocupa su vestuario! Y se nota. ¡No honra debidamente su dignidad presidencial!

¿Tan mal viste?
No se hace los trajes a medida, son telas mediocres, a menudo la talla le va grande, los lleva sin garbo, un poco encorvado…, y encima son italianos. Ir así a un encuentro con Obama… ¡es hacernos quedar fatal!

¿Aboga usted por el patriotismo textil?
Es un modo de expresar el respaldo a la economía nacional. No todo es lenguaje verbal.

¿Política y moda van de la mano?
La Pasionaria vestía siempre de negro, no por negligencia o inercia, sino por presentarse como correspondía, ¡según confesó ella misma!, “a alguien de mi condición”.

¿Qué condición era esa?
La de una persona que representa a la gente humilde. ¡Era consecuente, era coherente!

¿Hoy no lo son nuestros políticos?
Ha habido una crisis ideológica, y derechas e izquierdas se han mimetizado y se han uniformado. Visten igual: ¡uniformados!

Descríbame el uniforme.
Traje oscuro, camisa y corbata. “Todos son iguales”, dice la gente. ¡Pero si van de eso!

¿Sin matices?
No hay mensaje vestimentario: imposible discernir izquierda y derecha por la ropa.

Rajoy, visto: critique a Rubalcaba.
En campaña le aconsejaron usar vaqueros para parecer más cercano: sacó unos vaqueros anticuados…, y se le notaba incómodo.

¿Qué político patrio acierta al vestir?
Duran Lleida: impoluto y coherente como conservador…, sabe jugar bien los complementos para parecer más cercano.

¿Qué complementos?
Combina sabiamente colores de corbatas y de montura de gafas: el toque a la moda.

Artur Mas no se quita ya las gafas.
Es un modo de romper su imagen de hombre demasiado perfecto…, y hay un mensaje.

¿Cuál?
“Soy muy responsable, estoy trabajando muchísimo, ¡ved cómo me dejo las pestañas!”.

Sutil.
Gallardón se operó de la vista… pero conserva las gafas: dan imagen de solidez intelectual.

¿Lo hizo bien el Aznar presidente?
Pretendía transmitir una imagen endiosada de hiperfortaleza, ¡y lo conseguía! Dejó el cargo y se dulcificó: menos bigote, melena…

¿Qué tal Alicia Sánchez-Camacho?
No es aconsejable operarse en periodo de representatividad política. Y viste demasiado ceñida: marca demasiado su anatomía.

¿Y Merkel?
Quiso un día vestirse como una mujer normal, se excedió con el escote y le llovieron tantas críticas…, que va siempre con traje sastre.

¿Qué consejo le daría a un político para vestir idóneamente?
Cuatro buenos trajes a medida, telas de calidad, cómodo, que aprenda a hacerse bien el nudo de la corbata…, ¡el 90% la lleva mal!

¿Cómo hay que llevar la corbata?
Recta, no torcida. Y que no se vean botones.

También puedes ir bien sin corbata…
El día en que Zapatero anunció que no sería candidato, vistió tejanos, camisa blanca, americana azul…: ¡era él de verdad, al fin!

La camisa blanca, infalible.
Las hay especiales: camisas blindadas. El Príncipe las usa. Tienen aspecto normal, pero son antibalas. Las fabrican en Colombia.

Pero a veces toca disfrazarse un poco.
“Vístete para lo que quieres ser, no para lo que eres”, dijo alguien… Lo importante es ser consciente del poder de la imagen.

Póngame algún ejemplo de ese poder.
Yulia Timoshenko: era una oscura empresaria de aspecto inquietante, rostro con ojeras, pelo requemado y moreno… Decidió entrar en política… ¡y transformó su imagen!

Hoy es una cándida rubia, ¿no?
Rubia y con una diadema campesina tradicional de pelo trenzado. Y vestidos claros: es angelical, bondadosa, virginal… ¿Quién pensará que ha roto un plato? ¡Y así gana!

¿Se puede mandar y ser femenina?
Ségolène Royal es un buen modelo. Y Cristina Kirchner, aunque es un poco… excesiva.

¿Y doña Letizia?
Empezó insegura, se retocó… y ahora se siente segura, se siente más reina.

¿Cuál es su opinión acerca de que Fidel Castro pase de la guerrera al chándal?
Con tanta personalidad, puede permitírselo todo… con los colores de la bandera cubana.

No es un hábito muy dictatorial…
El dictador gusta de uniformes militares, entorchados, bandas, gafas oscuras, bigote… El Asad viste a la occidental para engañar, juega a romper la coherencia ideoestética.

Incoherencia ideoestética sería…
Acudir a una manifestación sindical con bufanda Burberry: ¡Cándido Méndez! O ser del partido ecologista Equo y no vestir sólo tejidos ecoéticos: les he preguntado al respecto… y aún estoy esperando la respuesta.

‘Política y moda’

Patrycia Centeno es muy joven y dice las cosas claras. No se corta a la hora de valorar la indumentaria de nuestros políticos. Considera que la mayoría se viste para disfrazarse, escudarse, blindarse tras sus previsibles y uniformados trajes, con el propósito último de no dejarse ver de verdad. Eso siembra desconfianza entre la ciudadanía, sostiene Centeno (Políticaymoda.com), y predica que podemos ser elegantes y coherentes, creíbles: la armonía entre lo que mostramos y lo que decimos alimentará nuestra credibilidad personal, lo que para un político debiera ser cosa principal. Sencilla y elegante, predica con el ejemplo y demuestra lo que sabe en Política y moda. La imagen del poder (Península).

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