La Contra...

La Contra | Jorge de Pallejá: ‘Disparé… ¡y jamás olvidaré la mirada de aquel leopardo!’

02/06/12 por Victor Amela

la contra jorge de palleja por victor amela

Tengo 88 años. Soy barcelonés. Me ocupo del patrimonio familiar. Estoy casado con Vanessa, tenemos tres hijos Rocío (50), Jorge (48) y Alejo (47), y cinco nietos. ¡Me apasionan la naturaleza, los perros y los caballos! Soy liberal. Me seduce más un Dios creador que el puro azar. . .

La Contra | Jorge de Pallejá: ‘Disparé… ¡y jamás olvidaré la mirada de aquel leopardo!’

¡Cuánta cornamenta en la pared de su salón!

Pertenecen a otro Jorge de Pallejá, uno que cazaba.

Dos colmillos ¡enormes!

De un elefante que cacé en Chad en los años cincuenta… Pesan 37 kilos cada uno, pero los hay de 50 kilos…

¿Cuántos animales habrá matado?

Uf…

Por especies: ¿cuántas perdices?

Cazaba unas 60 perdices cada año, durante veinte años. Y diversa caza menor.

¿Y antílopes en África?

Veintiuno.

¿Y búfalos?

Dieciocho.

¿Y elefantes?

Cinco.

¿Y leones?

Uno.

¿Y tigres?

Pude cazar uno… ¡pero renuncié!

¿Y por qué renunció?

Quise su cabeza y piel en el salón de casa.., y mi mujer dijo: “¡No se lo merece!”

¿No disparó por amor a su mujer?

Yo ya estaba en crisis como cazador. Ya había decidido no matar elefantes. Y no me sentía orgulloso de haber cazado el león…

Pero seguía cazando…

Desde los ocho años me colocaba bajo un cerezo e intentaba abatir algún mirlo.

¿Quién le inició en la caza?

Las historias de mi tío, cazador en África en 1910. Y mis lecturas de aventuras… Yo era un niño solitario… Me gustaban el campo y los animales…

¿Y cómo fue su primera incursión africana?

Tenía 28 años, en 1952. ¡Era una África sin land rover! Cazar era calzarse unas alpargatas, empuñar un rifle, tomar un guía indígena y caminar, caminar, caminar…

¿Cómo se caza hoy?

Los coches llevan al cazador hasta el animal. ¡Eso no es cazar!

¿Cómo cazaba usted?

Caminaba durante horas tras el animal, y el guía hundía el dedo gordo del pie en las boñigas para comprobar si eran recientes…

¿Y cómo era lo de cazar elefantes?

Debías acertar junto al oído, o en el entrecejo, o en el corazón, sus tres dianas mortales. A este le disparé a 15 metros, y cayó.

¿Es peligroso?

Un colega mío hirió a un elefante. Le persiguió y, tras un rodeo, lo abatió. Creyó que mataba al herido… ¡pero no!: el elefante herido era otro… y al verle, le atacó.

¿Y qué pasó?

El elefante arrancó un arbolillo, lo esgrimió con la trompa.., y bateó la cabeza del guía indígena. Le destrozó el cráneo.

¿Se jugó usted la piel alguna vez?

Me perdí en la sabana. Me deshidraté, se me hinchó la lengua, parecía de corcho… Una hora más… y hubiese muerto de sed. Pero me encontraron, felizmente.

¿Eso le hizo entrar en crisis?

Fueron mis dudas sobre si era ético matar por diversión. Las dudas crecían, hasta el día en que maté al leopardo. ¡Me arrepentí!

¿Qué pasó?

Fue en India. Oí un ruido junto al camino, tomé el rifle y me interné en la jungla… Allí no había nada, alcé la mirada… ¡y le vi!

¿Al leopardo?

Subido a un árbol, agazapado, a muy pocos metros ante mí, con el vientre aplastado sobre una rama… Y mirándome. ¡Jamás olvidaré aquella mirada!

¿Cómo era?

No era agresiva ni agitada, ¡era de curiosidad! Aquel leopardo estaba observándome.

¿Y qué hizo usted?

A esa distancia, o te largas o disparas. Por desgracia, yo disparé… Y aquel bellísimo animal cayó muerto a mis pies.

¿No se alegró?

Me sentí muy mal. Y decidí que no mataría más. Hace ya 45 años, y no he cazado más.

¿Le entendieron otros cazadores?

Algunos me retiraron el saludo, por traidor. Pero amisté con Félix Rodríguez de la Fuente, con una conversión similar a la mía. Juntos cofundamos Adena.

¿En qué misiones conservacionistas se ha implicado?

Estoy muy orgulloso de haber reintroducido la nutria en los ríos ampurdaneses.

¿Cómo ve usted la caza hoy?

Como conservacionista, ¡mi prioridad es la supervivencia de las especies! Eso sí, una caza bien gestionada puede servir a ese fin.

Deme un ejemplo.

Ante un exceso de rebecos, eliminar hembras viejas o especímenes enfermos controladamente saneará a esa población animal.

Pero usted prefiere no dispararles.

Yo ya no. Es ya una opción personal, muy subjetiva: yo ya soy incapaz de matar.

¿Qué les diría hoy a los cazadores?

Que los cotos masificados han esquilmado la fauna en los montes españoles, de modo que ya no queda nada que cazar.

Pues sigue habiendo cazadores…

Alguno quedará… ¡pero la mayoría son sólo tiradores! Les sueltan unas cajas de perdices mareadas y las abaten como quien tira al plato: ¡eso no es cazar! Es sólo tirar.

¿Qué opina de la cacería de elefantes del rey Juan Carlos?

Estoy plenamente de acuerdo con él en que se equivocó.

¿Podría experimentar el Rey una conversión íntima… y abominar de la caza?

¡Perfectamente! ¿Por qué no?

‘Los hijos de Cam’

Charlamos en el porche de su casa barcelonesa, como si estuviésemos en Memorias de África. Su conversación es amenísima, tanto como leer Los hijos de Cam (Sirpus), delicioso relato de sus aventuras cinegéticas africanas en los años cincuenta y sesenta. Un día decidió no matar más animales y lo relató en el libro No matar. La opción de un cazador, que le granjeó enemigos y amigos. Me insiste en que no le retrate como cazador, sino en su conservacionismo animal. Nos acompañan una perra (Vera), dos caballos y un burro, a los que adora. Y sigue viajando para ver animales (ya sólo para verlos). Me regala una bala idéntica a la que usó para matar elefantes: es una pieza de un pasado enterrado.

Deja tu mensaje

Avísame si hay comentarios. Sin comentar, pero me subscribo aquí

Back to top