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La Contra | Fede Sardà, empresario del ocio y campeón de España de ping-pong: ‘Triunfar en la vida es ser feliz con una pelota’

14/06/12 por Victor Amela

fede sarda por victor amela

Tengo 61 años. Nací y vivo en Barcelona. Fui informático, hago de disc-jockey y soy empresario de la noche. Tengo un hijo, Roger (33) y un nieto, Asier (11 meses). Soy de izquierdas. Soy ateo. ¿Aficiones? ¡Ping-pong! Organizo el festival Les Nostres Cançons contra la Sida

Campeón de España de ping-pong! ¡Felicidades!
Dos años consecutivos, 2011 y 2012, por equipos: el mérito es de mis compañeros Josep Maria Palés y Li Qi, en su día campeón del mundo con China.

No me sea usted modesto.
Yo apoyo. Lo que a mí me divierte es la exhibición: ir a cárceles, institutos, hospitales…

¿Ah, sí? ¿Para hacer qué?
Juego a ping-pong con una pala en la oreja… ¡No me gana ni el chino! O sentado en una silla. O de espaldas. O bajo las piernas…

¿Y para qué hace todo eso?
Por el placer de entretener y ayudar: colaboro en las iniciativas benéficas que puedo: con el pare Manel, la hermana Genoveva, el padre Elías, el Chiringuito de Dios…

¿Por qué?
¡He sido afortunado, y quiero devolver a la sociedad parte de lo que me ha dado!

Porque habrá ganado mucho dinero…
El dinero me importa un bledo. ¡Triunfar en la vida es ser feliz con una pelota! De niño, mi familia era pobre… pero yo era feliz.

Mierda de infancia, escribe su hermanito Javier…
Si un niño tiene techo, un huevo frito y una sonrisa, ¡ese niño lo tiene todo! Fue mi caso.

¿Y no el de Javier?
Yo tenía 15 años cuando murió nuestra madre, pero él tenía 8 y le traumatizó más.

¿Y su hermana Rosa Maria?
¡La mejor hermana que se pueda tener! Y recuerdo a Xavi, con siete años, imitando al abuelo, haciendo ya de señor Casamajor…

Dibújeme una viñeta de aquella niñez.
Mi padre llega a casa con su mono azul… y trae ejemplares del TBO: ¡qué gran gozo!

¿Qué quería usted ser de mayor?
Mago, ilusionista… Quiero que la gente lo pase bien. Si en una comida hay un silencio… ¡saco mis naipes y hago un juego de manos!

¿Dónde empezó a trabajar con 15 años?
Como disc-jockey en salas de fiestas. Y a los 25 años me puse a estudiar Medicina…

¿El disc-jockey quiso ser médico?
Sí, quería atender con amor a todos los pacientes, ¡y no como un simple número! Y gratis a los que no pudieran pagar…

¡Lástima que no haya sido médico!
Nació mi hijo, me concentré en trabajar y sacar a mi familia adelante… y lo dejé: ¡no quise hacerlo a medias! Si lo haces mal como médico, puedes dañar a alguien. Si lo haces mal como disc-jockey… ¡no pasa nada!

¿Se lo ha pasado bien en la noche?
“Diviértete sin fastidiar” es mi lema. Y de los discos pasé a gestionar salas de fiestas…

La noche tiene mala fama…
¡Fama infundada! Se trata de gente de paz que trabaja todo el día y se regala un ratito de distensión por la noche… Y yo les ofrezco lo que a mí me gustaría: música en directo y buena música enlatada para bailar.

¿Y las drogas, la depravación…?
¡Yo no sé lo que son las drogas! Me dan miedo. No las he probado, no he querido saber nada de eso.

¿Cuál es la clave del éxito en el negocio de la noche?
Horas de trabajo y sentido común. Y tratar a mis empleados como a mi familia. No es coherente ayudar a otros si estás maltratando a los tuyos.

¿Qué le pide a un portero de discoteca?
Que deje entrar a toda persona de paz. Si pega a alguien que no le haya pegado antes… ¡despedido! Por mucho que esa persona le haya insultado.

¿Y si alguien le pega a él?
Respuesta proporcionada… ¡o despedido! Aconsejé a la Generalitat que los porteros de discoteca hicieran un curso y fuesen controlados por los Mossos, ¡y ha funcionado!

Habrá conocido a muchos famosos…
Un día me llamaron mis empleados para avisarme de que venía Mick Jagger… y no me acerqué para hacerme la típica foto. ¡Para mí, no hay un cliente mejor que otro!

¿A qué persona admira usted más?
A sor Genoveva.

¿Quién es sor Genoveva?
Una monjita octogenaria que lleva toda su vida ayudando a los necesitados de la Barceloneta: les consigue desayunos, comidas, habitaciones para dormir… Y admiro mucho también al pare Manel.

Para ser usted ateo… ¡va muy bien encaminado!
¡El pare Manel es un santo de verdad! Ayuda al prójimo a tiempo completo, no como yo… A veces le acompaño a las cárceles… ¡y le adoran! El pare Manel es el jefe allí.

¿Y cómo le ayuda usted?
Hago mis exhibiciones de ping-pong, juegos de magia… Y hago bolos como disc-jockey: mis honorarios van al pare Manel.

¿Qué tal se lleva con sus hermanos?
Estoy orgulloso de ellos, los admiro. Y ellos me admiran a mí: ¡dicen que soy el que más se divierte! Nos vemos mucho: Rosa, Santi, Xavi… y recordamos mucho a Joan, que murió de sida en 1980, con 27 años…

Vaya.
Aún no se sabía nada del sida. ¡Hasta que no murió la primera pija de familia bien, era una enfermedad de maricones y soldados! Por eso he organizado ahora este festival de canciones contra el sida. Cada vez que he sentido que debía hacer algo… lo he hecho: ¡es lo único que me llevaré a la tumba!

¿Qué dirían sus padres si le vieran?
Estarían muy contentos. ¡Y yo más! Me los llevaría arriba y abajo. Una vez pude llevar a mi padre a Londres… y él, payés, besó el suelo al aterrizar

Contra el sida

Tiene una llamativa pinta de Lee Marvin y es todo corazón. Exitoso empresario del ocio -la sala Luz de Gas es referente ineludible de la noche barcelonesa-, además aúna su condición de campeón de ping-pong a su implicación en causas nobles. La última: el festival Les Nostres Cançons contra la Sida, en el Palau Sant Jordi, mañana viernes, a las 21 horas, con actuaciones de los cantantes catalanes de moda… ¡y la participación extraordinaria de Lluís Llach y Josep Guardiola! Entre 15 y 40 euros por entrada (Telentrada, Ticketmaster, Atrápalo y El Corte Inglés) para sufragar las decisivas investigaciones del doctor Ventura Clotet, en Barcelona, en favor de una vacuna antisida.

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