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La Contra | Ramón Monegal, perfumista: ‘Una mujer con una flor nos está diciendo: ‘¡Polinízame!’’

31/01/12 por Victor Amela

Ramón Monegal, perfumista

Tengo 60 años. Soy barcelonés de pura cepa. Soy perfumista, o comunicador olfativo. Estoy casado y tengo tres hijos, Óscar (26), Laura (21) y Héctor (18). No me gusta lo lineal: soy progresista y conservador, liberal y anarquista. Soy católico pero creo en la reencarnación

¿Hubo siempre perfume?

Lo hubo desde que hicimos fuego: al arder ciertas maderas resinosas, un embriagador perfume se elevó al cielo…
¿Y?
Grato a las narices de los dioses, nos conce- dieron favores. Los conocedores de estos secretos empezarían a aplicarse perfumes a sí mismos… Y así hasta hoy.
¿Consumimos hoy mucho perfume?
Los españoles, de los que más. ¡Tenemos la mejor cultura perfumista del mundo!
¿Y eso?
¡Somos el único país que pone colonia a los bebés! De notas cítricas. Eso adiestra al cere- bro para apreciar perfumes, nos convierte en futuros consumidores muy exigentes.
Usted más, ¿no?
Soy cuarta generación de una estirpe de perfumistas. Tuve un gran maestro, Arturo Jordi.
¿Qué le enseñó?
¡Magia! De dos aromas hacía brotar un ter- cero. Todo puede mezclarse, porque todo es cuestión de proporciones.
Pero los pioneros son franceses, ¿no?
Hay tradición: véase Grasse, sus cultivos de lavandas, lavandinos, espliegos, rosas… Pero ¿sabe quién les enseñó a cultivarlos?No.
¡Los cruzados españoles!

Pongámonos medalla.
Más: Franco eximió de impuestos la botella de litro de colonia, ¡y así socializó su uso!
¿Qué tiene un buen perfumista?
Entrenamiento en olores, mucha imagina- ción para combinarlos… y buen gusto.
¿Más o menos como un artista?
Esto es un arte, sí: ¡se trata de comunicar! Tú eres como hueles y hueles como eres.
¿Sí?
A veces he seguido perfumes por la calle pa- ra verificar si correspondían al tipo de per- sona que me sugería, ¡y suelo acertar!
¿Usted va olisqueando por la calle?
Si me llega algún aroma interesante, ¡sí!
Si quiero comunicar alegría, ¿qué?
Use un perfume de flores blancas, azahar, ylang-ylang… Hay todo un lenguaje odorífero universal, ¡pero alfabeticémonos más!
Un ejemplo.
¿Qué nos está comunicando una mujer con una flor en el pelo?
¿Qué?
“¡Polinízame!”. El olor y el color de la flor son la estrategia natural para la polinización.
No me pondré flores.
¿No? La línea entre masculino y femenino se desdibuja, interesan ahora las actitudes.
¿Cuál es el olor del amor sexual?
El del jazmín. Y el del pachulí, ¡pura seducción!

¿Y el de la solemnidad?
El incienso.
¿El de la fuerza?
Las maderas.
¿El de la inteligencia?
La bergamota.
¿El de la flexibilidad?
Los bambúes.
¿El de la autoridad?
Los cueros.
¿Cuál es su olor favorito?
El de la raíz del iris, el lirio de Florencia. Huele a tierra, polvo, flor… ¡Inclasificable!
¿Cuántos olores hay?
¡Más de 10.000!
¿No ha pensado en asegurarse la nariz?
Lo pensé, no lo hice, ¡y me arrepentí el día en que me partí la nariz!
¿Cómo fue?
Un accidente de bici. Me llevan al hospital, el médico me dice: “Tiene la nariz torcida”, y, crac, con la mano me la recoloca. Grité: “¡Cuidado, es mi herramienta de trabajo!”.
¿Le dañó el olfato?
No, felizmente. Pero puede pasar si se daña el nervio olfativo. ¡Le pasó a mi padre en un accidente!
¡Y su padre también era perfumista!
Sí. Y cocinaba. ¡Sufrió muchísimo sin olfato! Con los años, al final de su vida, aprendió a disfrutar sin olfato, por las texturas.
¿Las feromonas son afrodisiacas?
Nos resulta afrodisiaco lo que creemos que lo es. Incluí feromonas en un perfume para Julio Iglesias, y no funcionaron: ¡no se huelen! Al final usé moléculas de almizcle.
Alguien que está perfumándose muy intensamente, ¿qué está diciéndonos?

O que ha perdido el olfato, o que está implorando mucho cariño.
Interesante.
El perfume antecede a la presencia y perma- nece en la ausencia. ¡Mantiene vivos a los desaparecidos!
¿Qué perfume de su niñez pervive?
El de la brea. Contemplaba a un mestre d’aixa de El Port de la Selva doblar las made- ras para hacer barcas, embrearlas… Ah, un olor incomparable que me extasiaba.
¿Cuál es el aroma más básico?
El ámbar gris, una secreción del cachalote. ¡Qué perfumazo!
¿Y el más complejo y sofisticado?
El agua de Chipre: bergamota, rosa, musgo de encina y pachulí.
¿Cómo debo elegir mi perfume?
Elige el que no contradiga tu estilo, tu vestimenta, tu actitud. Si eres oscuro, no grites con tu perfume. Y viceversa.
¿Cuál es el futuro del perfume?
La personalización.
¿Y su reto ahora?
¡Aprender cada día! Hoy aprendo algo nue- vo cada día de mi hijo Héctor, tetrapléjico parcial por un accidente en moto.

‘La perfumista’
Es un sabio del perfume de larga prosapia: su bis- abuelo tuvo una droguería y su abuelo fundó Myrurgia. Él ha creado ahora su propio templo del perfume (ramonmonegal.com) y es un pozo de conocimientos sobre el ramo, además de hom- bre de afinada sensibilidad estética e incesante creatividad: acaba de publicar una novela, La perfumista (Planeta), en la que vierte casi todo lo que sabe sobre perfumes. Me habla de Ferran Adrià (“es un perfumista de la cocina, ¡cómo combina elementos!”) y de un jeque árabe que llenó una piscina de perfume de azafrán, rosa y ut, preciadísima madera aromática. Y me explica que un síntoma precoz de alzheimer es la pérdida de la capacidad olfativa…

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