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Políticos en los medios: CONECTADOS | ¿Será un ladrillo el debate?

04/11/11 por Victor Amela

¿Será un ladrillo el debate?

CONECTADOS

Víctor-M. Amela
Cronómetros. Los equipos de Rajoy y Rubalcaba pactan el cara a cara televisado del lunes próximo, moderado por Campo Vidal. Han pactado colores del decorado (blanco) y corbatas, altura de sillas, tamaño de mesas y distancia entre ellas (tres metros), ángulo de los focos, camerinos separados, maquilladoras idóneas… Una moneda al aire decidirá quién empieza, dos árbitros de baloncesto cronometrarán los tiempos. A los colaboradores del programa Al rojo vivo (La Sexta) les parece que el debate “será un ladrillo” porque Campo Vidal “no podrá repreguntar, sólo gestionar tiempos”, como de costumbre. Pero Antonio García Ferreras, director del programa, aporta un dato: “los dos debates Rajoy-Zapatero del 2008 ¡tuvieron un 40% de cuota de pantalla!”. Es compatible: el debate será deficiente como espectáculo dialéctico y televisivo, pero lo miraremos como quien mira una riña de bar, por ver quién castiga el bazo de quién. Al rojo vivo calienta el duelo – “¡estará muy bien!”-al estilo de los programas deportivos con los partidos de fútbol: la política es también una rama del espectáculo, como el fútbol, y parte del espectáculo es este pre-debate, con sus partidarios y detractores. Disgustado con el careo, Llamazares bromea: “en el debate entre Rubalcaba y Rajoy, los publicistas recomiendan que el color de las corbatas no sea el mismo.., por si el discurso lo parece”.

Mítines sin chaqueta. Rubalcaba demuestra dominar los trucos escenográficos, a juzgar por las imágenes de sus mítines que nos llegan en los telediarios. Siempre hay algún momento en que Rubalcaba calla y, dirigiéndose a los presentes, les hace este comentario: “qué calor hace aquí, voy a quitarme la americana”. Y, morosamente, posa la mano en una solapa, tira de la prenda hacia atrás, abomba el pecho… y espera que llegue el aplauso que, indefectiblemente, resuena en ese momento en el auditorio. Es un gesto de cercanía y confianza con los asistentes que, a costa del calor del termómetro – verificable o no-,genera un calor emocional que propicia el éxito del mitin.

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