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La Contra | Greg Constantine, fotógrafo: ‘Hay doce millones de apátridas en el mundo’

02/11/11 por Victor Amela

(puedes leer esta Contra y los comentarios de los lectores directamente en La Vanguardia, ¡gracias!)

Greg Constantine, fotógrafo

“Hay doce millones de apátridas en el mundo”

Tengo 41 años. Nací en Indianápolis y desde hace seis años vivo en Bangkok. Tengo novia, no tengo hijos. No opino de política ni tengo creencias religiosas. Fotografío grupos apátridas de los cinco continentes y expongo esas fotos por todo el mundo

VÍCTOR-M. AMELA
¿Cuál es su foto favorita?

Me impresionan las fotos de la “maleta mexicana”: esas columnas de personas caminando sobre una colina recortadas al trasluz sobre el horizonte, en plena guerra civil española…

¿Ha marcado eso su trabajo?

El exilio hizo apátridas a muchos españoles. Y, por otras circunstancias, yo me dedico hoy a fotografiar apátridas.

¿A quién consideraremos apátrida?

Fotografío a comunidades a las que ningún país reconoce como ciudadanos. Son personas que viven en un limbo jurídico, despojados de todo derecho humano.

Deben de ser casos aislados…

No. ¡Son doce millones de personas en los cinco continentes, calcula Acnur! Son gente de ninguna parte, sin nacionalidad reconocida, que no pertenecen a ningún país.

¿Con qué consecuencias para ellos?

Los niños no tienen derecho a recibir educación, ni ellos ni los adultos tienen derecho a la sanidad, al trabajo… ¡a nada! No existen como ciudadanos, son víctimas de un abandono universal.

¿Como si no fuesen personas?

Pues sí. “Antiguamente, el hombre sólo tenía cuerpo y alma. Ahora necesita un pasaporte, pues sin él no se le trata como a un ser humano”, escribió Stefan Zweig, escritor austriaco que tuvo que huir de los nazis.

¿Cómo se convierte uno en apátrida?

A causa de desmembramientos de estados, de exilios por guerras civiles, de discriminaciones a ciertas minorías étnicas, lingüísticas o religiosas…

¿Y con qué consecuencias?

Se convierten en las personas más vulnerables del mundo. No pueden casarse, ni registrar el nacimiento de un hijo, ni viajar libremente, ni tener propiedades, ni participar en la vida política…

Una invisibilidad social.

Lo dijo Hannah Arendt: “Ser despojado de la ciudadanía es ser despojado del mundo, es como volver al desierto, como hombres de las cavernas o salvajes, que pueden vivir y morir sin dejar rastro”.

¿Qué tipo de vida llevan esas gentes?

Muy mísera. A menudo son explotados laboralmente y nadie los defiende. Me ha conmovido el caso de los bihari, en Bangladesh: Pakistán no los reconoce, Bangladesh tampoco, y llevan 35 años sin nacionalidad.

¿Alguna historia personal?

El de una chica ciega, casada y con un bebé a la que su marido abandonó para casarse con otra mujer de Bangladesh que lo hizo ciudadano. Y su ex mujer, esa joven sola y sin recursos, sobrevive como puede…

¿Qué rasgos comparten los grupos que ha fotografiado?

La necesidad de gozar de una identidad reconocida. Todos desean pertenecer al país en el que residen.

Cíteme algunos de esos grupos apátridas.

Los nubios de Kenia, los rohingya de Birmania, los urduhablantes de Bangladesh, los tamiles de la colinas en Sri Lanka, los dalit en Nepal y otros en las fronteras de India, en Costa de Marfil, en Malasia, en Kuwait, las repúblicas de la vieja URSS…

Cuénteme algún otro caso personal.

Una pareja rohingya se casó en secreto en un estado birmano donde sus familias viven desde años. Al quedar ella embarazada, las autoridades se enteraron de la boda secreta, y eso está penado: “¡No tenéis derecho a reproduciros aquí!”, les informaron. Y tuvieron que dar sus cabras a las autoridades para evitar la cárcel. Han huido a Bangladesh.

Otro.

Ali es keniano de tercera generación, desciende de nubios sudaneses llevados a Kenia para combatir al lado de los británicos. Al cumplir 18 años, Ali solicitó su carnet de identidad keniano. Se lo denegaron, por no tener papeles que prueben que su abuelo era keniano. “A los 18 años descubres que tu vida como keniano se acaba, ¡que los 18 años anteriores de tu vida no significan nada!”, me lloraba Ali.

¿Hay soluciones para la apatridia?

Sé que Acnur trabaja para minimizar el deplorable fenómeno, asesorando a los gobiernos para acometer reformas legales, recogiendo datos y apoyando campañas de nacionalización, respaldando a personas apátridas para la obtención de documentos y nacionalidad…

Habría que presionar a los gobiernos de esos países, ¿no?

Sí, intentar que asuman responsabilidades, que acometan labores de asistencia.

¿Sus fotografías pueden ayudar?

Mi proyecto consiste en eso, en dar visibilidad a estos colectivos ahora invisibles, y que el mundo conozca su situación: confío en que eso pueda propiciar algunas soluciones en un futuro. Y que un día deje de haber gente que nace y muere sin identidad. Mi papel es ponerles cara.

¿Viven con alguna esperanza?

Es normal que ya no confíen en nadie, se sienten abandonados por todos… Me costó intimar con ellos, pero antes de hacerles una sola foto siempre he procurado ganarme su amistad y su confianza, hablar con ellos, conocer bien sus vidas.

¿Mantiene contactos con ellos?

Con algunos sí. Es muy difícil, pero con mi trabajo intento paliar el hondo dolor que sienten de no pertenecer a ninguna parte. A ti y a mí nos cuesta mucho entender lo muy duro que resulta no ser nada para nadie, nada de nada.
48 fotografías
Greg Constantine ha dado la vuelta al mundo fotografiando a personas sin patria, colectivos apátridas, hasta completar la exposición Gente de ninguna parte: los apátridas del mundo. Son 48 fotografías que expone hasta el 6 de noviembre en Madrid, en la sala de exposición del BBVA, con el apoyo de Acnur. Para Greg, la apatridia “es una de las formas más radicales e invisibles de injusticia”, y es cierto que se trata de una aberración que transgrede la declaración universal de los derechos humanos. Los colectivos apátridas del Cuerno de África recibirán los fondos de la V edición de la Carrera Solidaria BBVA del próximo 6 de noviembre, ya con 12.000 corredores inscritos.

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