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CRÍTICA DE TV | La aventura de nuestra especie

26/11/11 por Victor Amela

CRÍTICA DE TV

La aventura de nuestra especie

Víctor-M. Amela
ANTES. Casi a cualquier hora del día, sintoniza La 2 y verás la serie documental Homo sapiens.Es la segunda parte del proyecto televisivo La odisea de la especie, y ejemplifica muy bien el viejo principio pedagógico de “enseñar deleitando”. Magnetiza e ilustra: Homo sapiens es una serie que dramatiza la historia de nuestra especie, y lo hace con actores maquillados, vestidos y aderezados para reproducir el aspecto que debían de tener nuestros ancestros en distintas épocas, y que representan escenas que fueron plausibles o posibles hace miles de años. Estas dramatizaciones tienen un punto de teatralidad excesiva, pero merecen la pena: mediante estampas y tramas argumentales sucesivas, se nos relata la larga (o corta, a escala geológica) y muy fascinante peripecia de nuestra especie. Y lo hace con solvencia, puesto que todo lo que se relata está rigurosamente basado en los últimos hallazgos de antropólogos de primera fila. Aparecen ellos mismos en persona, y sus testimonios – a menudo en los yacimientos en los que excavan-se intercalan entre las escenas recreadas. Así constatamos que todo lo que se nos narra como ficción tiene base científica. “La realidad sólo es comprensible si tiene estructura de ficción”, dijo Lacan, y es verdad: esta serie nos cuenta como una película la aventura de nuestra especie. Así, he presenciado el nacimiento de la agricultura del trigo, y la domesticación del primer lobo (16.000 años antes de Cristo), que se convertirá en el perro. Y he asistido a historias de amor, y he sentido como propia la muerte de uno de aquellos ancestros que trepó por un precipicio para robar unos huevos de rapaz con que regalar a su amada, que gustaba mucho de ellos, y que se despeñó desde la cima al ser picado por un escorpión.

DESPUÉS. Ana García Obregón se ha sentado ante Anne Germain, la mujer que habla con los muertos en el programa Más allá de la vida el baloncestista que fue su novio y que falleció en un accidente de tráfico-piensa en ella desde el cielo y cuida en el más allá de no sé que niño. Obregón se emociona y le dice al presentador – Jordi González-que todo esto es significativo para ella. De vergüenza: Obregón está comerciando con un muerto que tiene una familia que no merece ver a su deudo (hijo, hermano, sobrino, tío…) tratado como un espectro de mesa camilla por una desahogada famosilla en horas flojas.

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