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Miguel A. Torres, presidente de las bodegas Torres | ‘El vino no podría mejorar si cotizase en bolsa’

14/10/11 por Victor Amela

Miguel A. Torres, presidente de las bodegas Torres

“El vino no podría mejorar si cotizase en bolsa”

Miguel A. Torres, presidente de las bodegas Torres Tengo 70 años. Nací en Barcelona y vivo en Pacs del Penedès. Soy bodeguero de cuarta generación. Estoy casado hace 44 años y tenemos tres hijos, Anna (43), Mireia (42) y Miquel (37). En política y creencias prefiero no significarme. Cada día se elaboran mejores vinos.

VÍCTOR-M. AMELA
¿Recuerda su primera copa?

Tendría unos siete años. Había  una fiesta en casa. Apuré alguna copa de champán que quedaba sobre la mesa…

¿Y qué tal?

Me mareé. ¡Menuda bronca me pegó mi padre! Fue mi vacuna: aprendí a beber moderadamente. Lo que no significa que no puedas excederte en un día de fiesta…

¿Y qué opina del botellón?

Que ha existido siempre. Pero es preferible paladear vino, coñac… A partir de los 25 años, los jóvenes empiezan a pedir vino y a entender de vino. Eso es bueno.

Sobre todo para usted.

El vino es cultura y anima la vida: es estupendo para romper el hielo en toda cita.

¿Cuál ha sido su momento más gozoso con vino?

Un amigo mío, para celebrar sus 50 años, reunió a 50 amigos para compartir 50 botellas Magnum de Burdeos del siglo XIX.

Qué despliegue…

Fue mágico, fabuloso probar aquellos vinos, comprados a lo largo de diez años.

¿Las botellas grandes, Magnum, benefician al vino?

A más volumen de vino, más garantía de que el vino esté bueno.

¿Qué vino le impactó más?

Un Mouton Rothschild de 1895: entró el vino en la boca, cerré los ojos, los pájaros cantaban, el mundo era maravilloso y ligero. Fue un segundo sin tiempo ni espacio.

¿Cuál es el mejor vino del mundo?

Difícil decirlo, quizá un Mas La Plana 1970.

¿Y el más caro?

Por una botella de Romanée-Conti de 1945 se han pagado 123.899 euros.

¿Desde cuándo hace usted vino?

Mi bisabuelo fundó las bodegas en 1870. Exportábamos vinos a Cuba, desde el puerto de Vilanova. La Guerra Civil nos destrozó.

¿Qué pasó?

Tuvimos que huir y malvender la finca familiar original. Y una bomba destruyó la mitad de las bodegas. Mi padre rehízo el negocio.

¿Cómo?

Embotellando vino, el Viña Sol. Y fuimos ampliando mercado. Fue decisivo que mi mujer fuese alemana.

¿Por qué?

Ella se ofreció a buscar contactos en Alemania y logró abrir mercado allí. ¡Y hoy es uno de nuestros mejores mercados!

Toda la familia implicada, ¿no?

Mi hermana Marimar se ocupa de California, mi hermano Juan María nos ayuda con las relaciones institucionales, mi hijo Miquel se ocupa de Chile, mi hija Mireia se ocupa del Priorat y Jean Leon… ¡Son la quinta generación!

¿Se ven reflejados en las teleseries sobre viticultores?

Nissaga de poder fue divertida y popularizó el sector. No me perdía Falcon Crest. O Gran Reserva, ambientada en La Rioja…

¿De verdad hay tantas canalladas y traiciones entre bodegueros?

Hay muy buena relación y confianza, y hacemos muchas cosas juntos.

¿Cuál ha sido su aportación a las bodegas como cuarta generación?

Recuperé una hectárea de la finca original que habíamos perdido. Hemos creado muchos vinos, hemos exportado… Pero lo más importante es ser empresa familiar: no podríamos progresar si cotizásemos en bolsa.

¿Por qué no?

La bolsa está pendiente del beneficio a corto plazo, ¡pero el negocio del vino pide paciencia!: desde que plantas una cepa hasta que embotellas su vino ¡pasan diez años!

¿Bebemos cada día mejores vinos?

Cualquier vino modesto actual descollaría entre los mejores de hace medio siglo.

Pero los gustos evolucionan…

El gurú Parker ha marcado el gusto. Siempre ha privilegiado a las bodegas pequeñas, no a nosotros. ¡Por eso valoro tanto las últimas puntuaciones que nos ha dado!

¿Qué puntuaciones?

Reserva Real, 96 puntos. Grans Muralles, 95. Perpetual, 94. Mas La Plana, 93.

¿Cuánto vino produce al año?

Algo más de tres millones de cajas (doce botellas por caja), que vendemos en 140 países. Exportamos el 75%.

¿Han salido de la crisis?

Sí, en ventas, pero no en beneficios. Países nuevos ricos como India, Brasil, Rusia y China quieren vinos buenos y caros, y colocamos 400.000 botellas anuales en China.

¿Están creciendo?

No quiero crecer, quiero hacer vinos mejores año a año, que mis vinos estén entre los mejores del mundo.

¿Cuántas viñas tienen ustedes?

Unas 1.800 hectáreas por toda Catalunya. Son fincas preciosas todas, de gran valor paisajístico y medioambiental. ¡Queremos conservar los paisajes!

Hábleme de alguna finca.

Me encanta la que cuidamos junto a los muros del monasterio de Poblet, de la que sale el vino blanco más prestigioso de España, el Milmanda.

¿Les afecta el cambio climático?

En los últimos cuarenta años, la temperatura ha subido un grado. La viña es muy sensible al calor, pero por ahora lo hemos asimilado… ¿Qué pasará cuando la temperatura suba cinco grados? Ya hemos comprado viñas a mil metros de altitud, cerca del Pirineo.

¿Cuál es la clave de su éxito?

Trabajar en familia. Y que empleados y payeses sientan como suya esta empresa.

Un tren subterráneo
Comemos y lo regamos con varios vinos de las bodegas Torres, de las que Miguel A. Torres es el patriarca. Ahora delega sus responsabilidades ejecutivas directas para limitarse a las de presidente. Le gusta alternar con sus empleados y preservar la naturaleza familiar de la empresa. Así se ha convertido en una de las más poderosas familias vitivinícolas del mundo. Lo sabe todo sobre el vino e insiste a los barceloneses en que visiten sus bodegas, pues conocer es amar: disponen de un tren que baja desde las viñas hasta las profundidades y que atraviesa hologramas, aromas y músicas que justifican la visita. También sabe de coñac: me invita a probar un Torres 20 con hielo servido en copa de balón.

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