La Contra...

La Contra | Ana María Moix, escritora: ‘Por temor a enfadar a los hijos, los padres ya no educan’

09/10/11 por Victor Amela

(puedes leer esta Contra y los comentarios de los lectores directamente en La Vanguardia, ¡gracias!)

Ana María Moix, escritora

“Por temor a enfadar a los hijos, los padres ya no educan”

Tengo 64 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy escritora. Estoy soltera. No he tenido hijos: ¿tener a alguien que se pareciese a mí? ¡Conmigo es bastante! Soy simpatizante socialista, pero jamás he militado. Ayer fui atea, hoy ya soy agnóstica… y espero detenerme aquí
VÍCTOR-M. AMELA
Dice que ya no es atea.

Fui atea a la española:  ¡siempre peleando con Dios! Hoy soy más humilde: quizá Dios creó este mundo tan imperfecto para que le ayudásemos a mejorarlo.

¿Dios, negligente en los acabados?

¡La especie humana está muy mal hecha!

¿Incluye al Barça?

A veces hacen demasiado ballet y se dejan lesionar.

¿Quiso ser futbolista, de niña?

Quise ser trapecista.

¿Por qué?

Nos llevaron al circo. Lloré, no me gustó. Pero la trapecista… tenía morbo.

¿Fue feliz en su niñez?

Lloraba por los rincones.

¿Y eso?

Mis hermanos Terenci y Miquel me decían cosas horribles: “Serás negra y no te querrán” y “vivirás en un circo y pasarás el platillo”. Y encima yo imaginaba que tendría que casarme… ¡y yo no quería!

¿Por qué no?

Mis padres eran un caos. Nos educaron poco. Mi padre era mujeriego, pero le gustaba mi madre. Mi padre pintaba murales en las paredes de casa, mi madre se enfadaba…

¿Qué fue lo peor?

Mi padre quiso pintar a mi madre con vestido blanco de lunares rojos y abrigo rojo. Ella se negaba a posar. Mi padre aprovechó un viaje de dos días de mi madre… y pintó un mural enorme en el salón.

¿Con qué escena?

Borró un Partenón que había pintado antes, y pintó el paseo de Sitges, con Terenci leyendo un TBO, él pescando… y mi madre paseando ¡con vestido blanco de topos rojos!

¿Qué dijo su madre al regresar?

Llamó al abogado para divorciarse. Siempre estaban igual. El abogado se hartó y los envió a la porra. Y siguieron con su caos.

¿A quién admiró más de niña?

A la mula Francis, la única mula parlante: qué voz, qué inteligencia, qué empaque.

¿Fue usted una joven rebelde?

No me gusta mandar…, ni que me manden, así que me refugié en la escritura. E imité a Ana María Matute, Bécquer y Azorín.

¿Leía mucho?

Todo lo que me aconsejaban Terenci y Pere Gimferrer, uno de los hombres más inteligentes que he conocido. Aparte de cultura imponente, tiene gran sentido práctico.

¿Qué personaje le dejó más huella?

Barral, Gil de Biedma. Cultos, tiernos, humildes con su obra… Con gran sentido del calor humano. Me avergonzaba hablar en público, temía tartamudear, y Barral me animaba: “¡Eso queda muy elegante!”.

¿Qué era lo mejor de Terenci?

Su energía, su entusiasmo. Se proponía hacer de todo, y encima lo hacía.

¿Por qué no ha tenido usted hijos?

¡Qué difícil, educar a alguien! ¡Qué responsabilidad! ¿Tener a alguien que se pareciese a mí? ¡No! ¡Conmigo es bastante!

De haber tenido hijos, ¿cómo los hubiese educado?

He convivido con niños de amigas, y años después me han agradecido que les diese alguna colleja para enseñarles a saludar al tendero, al portero, al taxista…

¿Disciplina es la norma básica?

Atrévete a decir “¡no!” a los hijos. Te lo agradecerán. Un niño necesita órdenes, límites. Los padres tienen miedo a enfadarlos… y ya no los educan. Y salen jóvenes invertebrados, indefensos ante la vida. Monstruitos muy enfadados que dan portazos.

¿Y en la escuela?

No se enseña a leer y escribir bien. Pero, para enseñar bien, ¡faltan buenos docentes!

¿Y qué es un buen docente?

El vocacional, el que ama a los niños. Un buen profesor es seductor, es el que seduce al alumno. Si un profesor te cautiva, buscarás su aprobación y aprenderás. Sin seducción no hay aprendizaje.

Una profesora envió a sus alumnas a casa para que se vistiesen decorosamente.

Habría que ver cómo vestía ella: ¡si va demasiado fea, poco y mal educará!

Y lo de la inmersión lingüística, ¿qué?

En Soria los chavales salen cometiendo faltas ortográficas en castellano. Aquí salen cometiéndolas en catalán y en castellano.

¿Está usted indignada?

Sí, porque estamos en una guerra. Sin bombas, mediante especulación financiera: compran a un periodista del Financial Times o a una agencia de calificación, hunden a un país y barren a la izquierda.

¿Confía en la izquierda?

En sus valores: solidaridad, justicia, libertad. Desde que el capitalismo se ha quedado sin enemigo, se ha descontrolado. Su avidez está devorando el Estado de bienestar.

¿Y qué propone usted?

Votar en las urnas e indignarse en la calle.

¿Votará en las próximas elecciones?

Sí. Poco puede hacer un gobierno de izquierda, pero prefiero votarla, aunque sea tapándome la nariz. El voto en blanco valdría algo si se tradujese en escaños vacíos.

No sé si los indignados tienen programa contra la crisis…

¿Lo tienen el PP o los sindicatos? No. Al menos, los indignados tienen mensaje.

¿Cómo sería el mundo que sueña?

Pareceré ingenua: sin miseria ni crueldad.

¿Aún tiene esperanzas?

La especie humana es tan defectuosa… Mire, las bacterias empezaron todo esto y las bacterias lo cerrarán.

Manifiesto personal

Baja cada día a su calle y pone la oreja en las tiendas, en la panadería, en el quiosco del barrio. De esas conversaciones consuetudinarias y de sus observaciones cotidianas extrae reflexiones acerca de “vicios morales particulares y públicos, males sociales y políticos, apatía y otras taras anímicas” del momento, que vierte ahora en Manifiesto personal (Ediciones B), libro en el que expresa sus preocupaciones acerca de la educación de los niños, la situación de las viudas, el maltrato a los ancianos, nuestra relación con el dinero y la corrupción, la crisis, la democracia, los gimnasios y la muerte. Su mirada aguda pone el dedo en la llaga, sin renunciar del todo a la esperanza en la especie humana.

Deja tu mensaje

Avísame si hay comentarios. Sin comentar, pero me subscribo aquí

Back to top