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Crítica de TV | Un libro se suicida

17/10/11 por Victor Amela

CRÍTICA DE TV

Un libro se suicida

Víctor-M. Amela

Leer no es natural y lee quien quiere: qué excusa tan barata eso de decir que no se lee por culpa de la tele

En una pared blanca campea una sencilla estantería llena de libros de bolsillo, bien colocaditos en vertical, uno junto al otro. Por el extremo derecho de la estantería se precipitan al vacío un par de libros. Vemos cómo vuelan hacia el suelo, mientras otros libros de la punta de la estantería se inclinan hacia el exterior, con la clara intención de seguir el camino de los dos primeros hacia el abismo.

Es una estampa que he visto en la red y que se interpreta mediante una frase rotulada en la blanca pared y que reza así: “Un libro se suicida cada vez que pones Tele 5”, junto al logotipo de este canal privado. El mensaje es claro, pues: olvidas a los libros porque ves televisión. Si ves televisión, abandonas la lectura. Este es el mensaje, que quiere hacerte pensar que estás dejando de leer por culpa de la televisión. No es original. Coincide este mensaje con aquella frase del escritor John Irving: “Allí donde hay un televisor encendido, alguien no está leyendo”. Yo no estaría tan seguro.

Yo he leído con el televisor encendido, la pantalla del televisor como paisaje polícromo y borroso, como telón de fondo sónico, escenario difuso al que no prestar mayor atención, pero que ayuda a aislarse de la incisiva realidad. Por otro lado, afirmar taxativamente que la televisión es la responsable de que leamos menos es una información demasiado arriesgada, una sentencia aventurada, un prejuicio poco contrastado: antes de la implantación de la televisión, ¿eran mayores los índices de lectura que hoy?

Apotegmas como el de este anuncio que pretende promocionar la lectura son demasiado facilones y superficiales. Dudo de que la televisión sea un antídoto contra la lectura más poderoso de lo que puedan serlo los paseos por el campo, los baños en el mar, la pesca con mosca, darle al tenis o al acuagim, ver cine o cocinar, ir al fútbol, jugar a la PlayStation o al escondite, navegar por páginas pornográficas de internet o incluso dormir. De hecho, casi toda actividad humana es enemiga de la lectura (exceptuada la de escuchar música, morderse las uñas y hurgarse la nariz, que son compatibles), porque la pura verdad es que la lectura de libros es una actividad humana bastante artificiosa y antinatural, una actividad que pide sofisticación y entrenamiento. La lectura de libros no necesita de la televisión como enemiga porque es demasiado fácil prescindir de la lectura de libros. Leer no es una actividad espontánea y natural.

Ver la televisión, en cambio, es facilísimo. Es tan fácil que tiene ventaja sobre cualquier otra actividad humana (exceptuadas las de comer y fornicar, actividades a su vez casi tan elementales como mirar televisión, e incluso compatibles).

Vuelvo a la frase de esta dudosa campaña de promoción de la lectura y llego a la conclusión de que, remedándola, también podría decir ahora con similar simpleza algo como esto: “Una ballena se suicida cada vez que pones Tele 5”, o incluso “Un niño muere en Áfricacada vez que pones Tele 5”, y serían sentencias tan ligeras, banales y demagógicas como la de esta bienintencionada campaña.

Qué excusa más barata para no leer: dices que es culpa de la televisión, y tan ancho. Ahora resultará que no lees porque John L. Baird inventó la televisión. Si no lees es porque no te da la gana. No se sientan culpables los editores que además de ser editores financian cadenas de televisión. Leer, leerá quien quiera leer. Y ver tele, la vemos todos.

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