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La Contra | Esperanza Pérez Labrador, madre de la plaza de Mayo: ‘Daría mi vida para que Garzón volviese a ser juez’

29/09/11 por Victor Amela

(puedes leer esta Contra y los comentarios de los lectores directamente en La Vanguardia, ¡gracias!)

Esperanza Pérez Labrador, madre de la plaza de Mayo

“Daría mi vida para que Garzón volviese a ser juez”

Tengo 89 años. Nací en Cuba, viví en España y me instalé en Argentina. Estuve casada con Víctor y tuvimos a Tito, Palmiro, Manoli y Miguel Ángel. Los militares asesinaron a Víctor y Palmiro, y Miguel Ángel sigue desaparecido. No sé de política. No creo en curas, sí en Dios

VÍCTOR-M. AMELA
Sé que su vida ha sido dura.

Me quedan mis nietas y mi hija: ¡me cuida como a una reina! Soy feliz, como en mi niñez.

¿Cómo fue su niñez?

Mis padres, españoles, emigraron a Cuba. Allí nací, mi madre murió tras el parto. Y mi padre me regaló.

¿La regaló?

A una familia cubana. Argumentó que no podía mantenerme. José Mestril y su mujer, con seis hijos, me adoptaron.

Y fue feliz.

Mucho. Y tenía una madrina que me mimaba como a una reina. Pero a los siete años, aquel hombre volvió.

¡Siete años después! ¿Y qué quería?

Llevarme a España. Mis padres se negaron, pero un juez le apoyó. Yo lloraba, le daba patadas, gritaba “¡ladrón!”. Pero se me llevó.

¿Y qué tal en España?

Me hizo cuidar de dos hijas suyas, no pude ir a la escuela, rompió mis fotografías de mi familia de Cuba, interceptó sus cartas…

Debió de ser usted muy desgraciada.

Sí. Al morir él, supe que mi madre había muerto porque él le pegaba. Y encontré las cartas de mi familia cubana, y pudimos escribirnos: supe que mi papá Mestril había muerto de pena tras mi marcha.

¿Cuándo volvió la felicidad a su vida?

Conocí a Víctor, la lotería de mi vida, un hombre bueno e inteligente. Tuvimos tres hijos y emigramos todos a Argentina.

¿Por qué a Argentina y no a Cuba?

Viajar a Cuba era complicado… y nos enamoró Evita en su visita a España. ¡Qué gran mujer! Igual que ahora Cristina Kirchner…

¿Por qué le gusta?

Porque favorece los procesos a militares de la dictadura, ¡asesinos hijos de las cuatro letras! Ellos mataron a mi marido y a mi hijo Palmiro y secuestraron a mi hijo menor, Miguel Ángel,que hace 35 años que lo busco.

¿Se habían metido en política?

¡No! Trabajaban con su padre en la fábrica de zapatos que habíamos fundado, trabajando mucho. Tito, el mayor, murió electrocutado al intentar arreglar una máquina.

Lo lamento…

Eran todos tan, tan buenos… A veces mi marido tenía que reñirles.

¿Por qué?

Regalaban zapatos de la fábrica a los pobres de Villa Miseria, y él les decía: “¡Chicos, que nosotros vivimos de vender zapatos!”. Pero eran tan buenos… ¡Ese fue su gran delito! Trabajar, estudiar… y enseñar a leer y escribir a los pobres de Villa Miseria. ¡Por ese delito los mataron!

¿Qué recuerda de aquel momento?

Un grupo de policías entró en mi casa, me dieron una paliza que me dejaron negra, y le rompieron los dos brazos a mi marido, mientras nos decían: “¡Hemos matado a vuestro hijo Palmiro!”. Y encima nos robaron todo lo que pudieron.

Salvajes.

Cuando se fueron, mi marido corrió a casa de nuestro hijo Palmiro. Aún vivía cuando llegó: se topó con los militares disparando contra la casa. Los militares se llevaron y mataron a mi hijo Palmiro y a su esposa, y a mi marido, después de torturarles.

¿Cómo se puede vivir después de eso?

Buscando a mi hijo pequeño, Miguel Ángel,secuestrado y desaparecido. Dejé de comer pescado y no he vuelto a hacerlo.

¿Por qué?

Los militares arrojaban al océano a muchos desaparecidos para que se los comieran los peces. ¿Y si mi hijo ha sido uno de ellos?

¿Tuvo alguna pista de su paradero?

Grité su nombre en los muros de una cárcel en la que me dijeron que podía estar, y vi cómo sacaban a unos presos en una furgoneta. Quizá iba ahí. No he vuelto a saber nada.

¿Nada?

Un día me manifestaba en la plaza de Mayo con otras madres, y un chico se me acercó y me dijo: “Hace años que quiero darle esto”. ¡Era la cazadora de Miguel Ángel!Ese chico salió corriendo y no pude hablar con él.

¿Temió usted por su vida?

Yo dormía vestida: si los militares me secuestraban, ¡que no fuese en camisón! La embajada española me obligó a salir de Argentina por temor a que me matasen. Me vine a España, pero regresé rápido: quería buscar a mi hijo y hablar con los asesinos.

¿A quiénes se refiere?

A los generales que mandaban. Llegué al general Leopoldo Galtieri, que me dijo que el asesinato de mi marido había sido un “lamentable error”, pero que mis hijos eran “unos montoneros”. Yo le grité: “Si todos los montoneros son como mis hijos, ¡vivan los montoneros!”, y entonces me levanté, lo agarré de las solapas y lo llamé “asesino” y “criminal” y de todo. Y yo nunca había dicho palabrotas hasta entonces…

Se la jugó.

Me daba igual morir. También hablé con Videla, que me dijo que los españoles bastante teníamos con Franco para meternos con los militares argentinos…

¿Qué haría usted con ellos?

Juzgarlos y condenarlos a cárcel hasta que mueran. Por eso adoro a Baltasar Garzón, gracias a él ha habido procesos a partir de mi demanda. Todo lo bueno que diga de Garzón es poco. Yo daría mi vida por él. Yo daría mi vida para que volviese a ser juez. ¿Por qué le habéis hecho esto en España?

Esperanza, ¿dónde cree que podría estar ahora su hijo Miguel Ángel?

Mira, hijo, a estas alturas yo creo que ya me lo mataron.

Esperanza Pérez Labrador, madre de la plaza de Mayo

“Daría mi vida para que Garzón volviese a ser juez”

Tengo 89 años. Nací en Cuba, viví en España y me instalé en Argentina. Estuve casada con Víctor y tuvimos a Tito, Palmiro, Manoli y Miguel Ángel.Los militares asesinaron a Víctor y Palmiro, y Miguel Ángelsigue desaparecido. No sé de política. No creo en curas, sí en Dios

VÍCTOR-M. AMELA
Sé que su vida ha sido dura.

Me quedan mis nietas y mi hija: ¡me cuida como a una reina! Soy feliz, como en mi niñez.

¿Cómo fue su niñez?

Mis padres, españoles, emigraron a Cuba. Allí nací, mi madre murió tras el parto. Y mi padre me regaló.

¿La regaló?

A una familia cubana. Argumentó que no podía mantenerme. José Mestril y su mujer, con seis hijos, me adoptaron.

Y fue feliz.

Mucho. Y tenía una madrina que me mimaba como a una reina. Pero a los siete años, aquel hombre volvió.

¡Siete años después! ¿Y qué quería?

Llevarme a España. Mis padres se negaron, pero un juez le apoyó. Yo lloraba, le daba patadas, gritaba “¡ladrón!”. Pero se me llevó.

¿Y qué tal en España?

Me hizo cuidar de dos hijas suyas, no pude ir a la escuela, rompió mis fotografías de mi familia de Cuba, interceptó sus cartas…

Debió de ser usted muy desgraciada.

Sí. Al morir él, supe que mi madre había muerto porque él le pegaba. Y encontré las cartas de mi familia cubana, y pudimos escribirnos: supe que mi papá Mestril había muerto de pena tras mi marcha.

¿Cuándo volvió la felicidad a su vida?

Conocí a Víctor, la lotería de mi vida, un hombre bueno e inteligente. Tuvimos tres hijos y emigramos todos a Argentina.

¿Por qué a Argentina y no a Cuba?

Viajar a Cuba era complicado… y nos enamoró Evita en su visita a España. ¡Qué gran mujer! Igual que ahora Cristina Kirchner…

¿Por qué le gusta?

Porque favorece los procesos a militares de la dictadura, ¡asesinos hijos de las cuatro letras! Ellos mataron a mi marido y a mi hijo Palmiro y secuestraron a mi hijo menor, Miguel Ángel,que hace 35 años que lo busco.

¿Se habían metido en política?

¡No! Trabajaban con su padre en la fábrica de zapatos que habíamos fundado, trabajando mucho. Tito, el mayor, murió electrocutado al intentar arreglar una máquina.

Lo lamento…

Eran todos tan, tan buenos… A veces mi marido tenía que reñirles.

¿Por qué?

Regalaban zapatos de la fábrica a los pobres de Villa Miseria, y él les decía: “¡Chicos, que nosotros vivimos de vender zapatos!”. Pero eran tan buenos… ¡Ese fue su gran delito! Trabajar, estudiar… y enseñar a leer y escribir a los pobres de Villa Miseria. ¡Por ese delito los mataron!

¿Qué recuerda de aquel momento?

Un grupo de policías entró en mi casa, me dieron una paliza que me dejaron negra, y le rompieron los dos brazos a mi marido, mientras nos decían: “¡Hemos matado a vuestro hijo Palmiro!”. Y encima nos robaron todo lo que pudieron.

Salvajes.

Cuando se fueron, mi marido corrió a casa de nuestro hijo Palmiro. Aún vivía cuando llegó: se topó con los militares disparando contra la casa. Los militares se llevaron y mataron a mi hijo Palmiro y a su esposa, y a mi marido, después de torturarles.

¿Cómo se puede vivir después de eso?

Buscando a mi hijo pequeño, Miguel Ángel,secuestrado y desaparecido. Dejé de comer pescado y no he vuelto a hacerlo.

¿Por qué?

Los militares arrojaban al océano a muchos desaparecidos para que se los comieran los peces. ¿Y si mi hijo ha sido uno de ellos?

¿Tuvo alguna pista de su paradero?

Grité su nombre en los muros de una cárcel en la que me dijeron que podía estar, y vi cómo sacaban a unos presos en una furgoneta. Quizá iba ahí. No he vuelto a saber nada.

¿Nada?

Un día me manifestaba en la plaza de Mayo con otras madres, y un chico se me acercó y me dijo: “Hace años que quiero darle esto”. ¡Era la cazadora de Miguel Ángel!Ese chico salió corriendo y no pude hablar con él.

¿Temió usted por su vida?

Yo dormía vestida: si los militares me secuestraban, ¡que no fuese en camisón! La embajada española me obligó a salir de Argentina por temor a que me matasen. Me vine a España, pero regresé rápido: quería buscar a mi hijo y hablar con los asesinos.

¿A quiénes se refiere?

A los generales que mandaban. Llegué al general Leopoldo Galtieri, que me dijo que el asesinato de mi marido había sido un “lamentable error”, pero que mis hijos eran “unos montoneros”. Yo le grité: “Si todos los montoneros son como mis hijos, ¡vivan los montoneros!”, y entonces me levanté, lo agarré de las solapas y lo llamé “asesino” y “criminal” y de todo. Y yo nunca había dicho palabrotas hasta entonces…

Se la jugó.

Me daba igual morir. También hablé con Videla, que me dijo que los españoles bastante teníamos con Franco para meternos con los militares argentinos…

¿Qué haría usted con ellos?

Juzgarlos y condenarlos a cárcel hasta que mueran. Por eso adoro a Baltasar Garzón, gracias a él ha habido procesos a partir de mi demanda. Todo lo bueno que diga de Garzón es poco. Yo daría mi vida por él. Yo daría mi vida para que volviese a ser juez. ¿Por qué le habéis hecho esto en España?

Esperanza, ¿dónde cree que podría estar ahora su hijo Miguel Ángel?

Mira, hijo, a estas alturas yo creo que ya me lo mataron.

Dignidad
Esperanza es una mujer jovial y de mirada valiente. Es un ejemplo de dignidad: con la cabeza alta, persigue desde hace 35 años a todos los que pudieran darle razón del paradero de su hijo Miguel Ángel, desaparecido tras ser secuestrado en 1977 por militares de la dictadura argentina. El periodista Jesús M. Santos ha recogido su historia en el libro Esperanza (Roca), que detalla las muchas peripecias de su vida y retrata su entereza y dignidad. Al final de la entrevista le pregunto por el eventual paradero de su hijo y me contesta: “A estas alturas creo que ya me lo mataron”. Veo el asombro en el rostro de Santos: “Es la primera vez que le oigo decir esto”, me revela. Pero ella seguirá luchando.

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