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Mi tío Josep Amela ‘en campaña’, 1938 | Seis cartas camino de la batalla del Ebro (décima y última parte)

07/08/11 por Victor Amela

Este verano se cumple un nuevo aniversario de la batalla del Ebro, la más cruenta de la historia de España: calculan los historiadores que murieron 50.000 personas por bando. Dejó allí la piel lo mejor de la juventud catalana, chicos de 17 y 18 años, enviados al matadero en alpargatas por sus gobernantes y machacados por el ejército sublevado. Allí cumplió 18 años mi tío Josep Amela, con una felicitación en forma de bala. Pocos días antes de cruzar el Ebro envió a su familia unas cartas que hemos recuperado del fondo de un cajón después de su muerte. Sobrevivió, y nunca hablaba de aquellos terribles días. Aquí va ahora la quinta y última entrega de estas cartas.

* * *

Concluyo esta rememoración de los días de la guerra con un penúltimo apunte: junto a las seis cartas ahora halladas –cinco autógrafas y una mecanografiada- y junto a las fotografías de la reclusión en Cádiz y del servicio militar, han aparecido algunas otras fotos. Unas son de compañeros suyos de trabajo en la Olivetti –empleo que recuperó después de la contienda-, fechadas unas en 1937 en la Floresta y fechada otra el 3-11-40 en el campo de fútbol de l’Hospitalet –mi tío es el segundo por la izquierda, abajo-, equipados con la zamarra del equipo balompédico de la empresa (Pirelli, 4-Segalá, 0).

Pero no son las únicas fotos aparecidas. Hay una fechada en Tarragona el 22-4-42, en la que Josep Amela está uniformado junto a un compañero identificado en el reverso como Modesto Ainsa, ambos muy circunspectos pese al artificioso vestuario, y que publiqué en la entrega anterior.

Y hay otra fotografía, sin fechar pero probablemente del mismo periodo, en la que se ve a Josep Amela, también de uniforme, junto a otro uniformado que en el reverso está identificado como “Sargento Mateos”. Ya veré si algún día puedo identificar a estas personas y saber de su paradero…

Y, finalmente, ha aparecido una fotografía de un hombre con cierto parecido a mi tío y con el mismo corte de bigote ambos, aunque algo más alto y apuesto que mi tío, y que está dedicada a mi tío así:

“Tu mejor amigo,
Fayos”

En el reverso, mi tío escribió:

“Antonio Fayos. Xàtiva”

¿Quién es este Antonio Fayos, el “mejor amigo” de mi tío en confesión del propio Fayos? Fuese quien fuese este hombre, les unía una amistad muy estrecha, pues junto a este retrato de Fayos ha aparecido un sobre con un mazo de otras 60 fotografías en las que mi tío está con Antonio Fayos a solas, con Antonio Fayos y su esposa, con el matrimonio Fayos y sus dos hijos (de unos diez años en las fotos)…, y deduzco por los escenarios de las fotos que fueron hechas en Xàtiva y alrededores, en una casa de Antonio Fayos en Xàtiva o cerca de Xàtiva, y durante sus paseos por el monte, dónde incluso debieron de salir de caza esporádicamente, a juzgar por las escopetas que aparecen junto a ellos en un par de estampas dignas de “La caza” de Carlos Saura.

Estas fotografías fueron hechas durante un viaje –o quizá un par de viajes- de mi tío Josep a Xátiva, calculo yo que a fines de los años 40 o quizá a principios de los años 50, por el aspecto de mi tío Josep y las indumentarias. Si este Antonio Fayos fue el mejor amigo de mi tío Josep en aquellos años, probablemente esa amistad se había forjado durante los días del frente de guerra o durante los casi seis años de servicio militar de mi tío Josep.

* * *

Son fotos luminosas, que rebosan de una luz limpia, como de mundo impoluto y recién estrenado: todo resplandece como si jamás hubiese habido una guerra… Después de tanta miseria, vileza, ruindad y sinsabor, recogen una plácida serenidad, una sosegada felicidad doméstica. Intuyo, contemplándolas, que fueron momentos de verdadera calma y consuelo para el ánimo de mi tío, que calló siempre sus tribulaciones más hondas.

Me cautivan estas fotos: las encuentro a la vez pacíficas y tristes, como si la serena vida familiar de Fayos subrayase de algún modo la solitaria vida de mi tío…

Me gustaría averiguar qué ha sido de Antonio Fayos, de su señora y de esos dos chavales que hoy deben de ser sexagenarios. Les encantaría verse en estas fotos. Me gustaría encontrarles. Y si viviese todavía Antonio Fayos me encantaría hacerle entrega de estas fotos plenas de felicidad junto al que fue su mejor amigo, Josep Amela, el mismo que enterró su triste juventud en una caja entre seis cartas y algunas fotografías.

-FIN-

Aquí termina la serie “Mi tío Josep Amela ‘En Campaña’. 1938. Seis cartas camino de la batalla del Ebro”.

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