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La Contra | Taro Gomi, ilustrador japonés

15/08/11 por Victor Amela

Taro Gomi, ilustrador japonés:

“Me da pereza distinguir entre niño y adulto”

Tengo 65 años. Nací y vivo en Tokio. Soy autor de libros ilustrados. Vivo con Yoko, y antes he tenido algunos hijos. . . ¿Política? Soy liberal. Mi filosofía se inclina hacia el budismo. . . Yo no trabajo: hago lo que me apetece en cada momento. Desobedezco a la señora rutina.

¿Cómo vivió el terremoto?

Todo se movió en casa. Pasé mucho miedo.

 

¿Qué hizo usted?

Quedarme quieto, paralizado por el terror. Fue el más fuerte de todos los terremotos que he sentido en mi vida. Al final, por suerte, sólo un jarrón se rompió…

 

¿Qué pasará con la radiactividad de la nuclear?

Bah, no se preocupe, todo se arreglará. Nosotros padecimos los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, ¿sabe? Cientos de miles de muertos…, y pocos años después volvíamos a vivir allí.

 

¿Podemos comer sushi sin temor?

¡Sí! ¡Más contaminación tiene el río Támesis, ja, ja! Mire, nos adaptamos a todo. Así que aprenderemos a convivir con estas cosas… También hubo quien tuvo miedo a la corriente eléctrica hace un siglo…

 

Lo veo muy estoico.

Hago lo que quiero hacer. Todo está bien. Me acuesto a las seis de la madrugada, me levanto a las dos de la tarde. Y garabateo cuando me apetece.

 

Qué suerte…

No, no es suerte, es desobediencia: yo no obedezco a la señora rutina.

 

Y ha publicado así… ¿cuántos libros?

Unos 400 títulos.

 

Y tiene millones de seguidores.

Lo que hago gusta, sí.

 

¿Por qué?

Quién sabe.

 

Dibuja sobre todo animalitos…

¡La especie humana me parece muy poco interesante! Da muy poco juego a la hora de ser dibujada. Yo estoy en alguna medida en todos los animales que dibujo, incluido este mono, ja, ja…

 

¿Hay algo en particular que le inspire?

Nada en particular, cualquier situación.

 

¿Qué situación le ha gustado hoy?

Me han impresionado los dos grandes pasteles que me han traído de postre en el restaurante. No me los he comido.

 

¿Podría eso convertirse en un cuento para niños de los suyos?

Quién sabe, de aquí a un tiempo… Pero yo creo libros ilustrados. Punto. No pienso en lectores niños o adultos. Perdone, esta es la séptima entrevista hoy, me están matando.

 

¿Qué diferencia a un adulto de un niño?

El tamaño. La capacidad económica. Y la experiencia. ¡No hay ninguna otra diferencia!

 

“El adulto es hijo del niño”, decían los griegos.

Pues ellos lo dijeron más bonito, yo soy más sencillo: simplemente, me da pereza distinguir entre hombre y niño.

 

¿Los niños han sufrido más que los adultos el terremoto en Japón?

Sí, pero es verdad que son resistentes…

 

¿Necesitan ayuda?

Lo difícil de la ayuda es saber darla: hay que esperar a que te la pidan, darla antes puede ser ineficaz y absurdo. Primero hemos de recuperarnos y luego ver qué necesitamos, y ya lo pediremos.

 

¿Puede usted ayudar con sus dibujos?

No directamente, pero sí puedo alegrar corazones.

 

Su estilo como ilustrador ¿tiene algo que ver con la tradición japonesa?

Yo creo que un estilo propio comienza con uno mismo. De repente, una mañana, Picasso o Miró tuvieron su iluminación, y empezaron sus estilos propios.

 

¿Prefiere a Miró o a Picasso?

¡A Miró, siempre! Picasso estuvo mal aconsejado: para su desgracia, no pudo preguntarme a mí, ja, ja… Debió de sufrir mucho, pobre… También a Van Gogh le hubiese convenido hablar conmigo.

 

¿Qué objeto le gusta más dibujar?

No son objetos, son situaciones. Y, desde luego, ¡mejor un esqueletito que un niño! O mejor un animalito.

 

¿Tiene usted animal de compañía?

No. Yo soy el animal de compañía de Yoko, mi pareja.

 

¿Viajan mucho?

No, me da pereza. Pero he venido a Barcelona porque me han hablado de su solidaridad, de su celebración del día del libro…

 

¿Cuál es el mejor piropo que han dedicado a su obra?

No suelo leer sobre mí. Muchos niños sí me escriben, y dicen esto: “Me gusta, me gusta, me gusta”. Tienen criterio. Ellos no distinguen entre texto e imagen, como yo: es una misma cosa, sin escisiones. Algún día los críticos aprenderán esto, es un género nuevo.

 

¿Cuánto tiempo lleva en esto?

Llevo 35 años y no me canso: me gusta

 

Pues le deseo que siga otros 35 años.

Ja, ja, tiene usted sentido del humor.

 

Hablo en serio, perdone.

Yo también. Por eso hago esto: ¡me divierte! A veces me despierto y recuerdo un sueño que he tenido…, y eso me inspira una situación, un dibujo… A veces dudo de si lo he vivido o lo he soñado.

 

Pues anote sus sueños en una libreta.

No estoy tan enfermo… Por cierto, sí le diré que duermo sin calzoncillos. Y que mis cuentos sirven para expresar una filosofía: la de que los seres humanos somos monos en calzoncillos, ja, ja… Esta es mi conclusión del día de hoy, amigo.

 

¿Lleva ahora calzoncillos puestos?

Sí. Y son rojos.

 

¿Sí?

No: ¡es broma! Todos los colores me encantan. Y he sobrevivido a esta entrevista, qué bien.

 

Garabatos

Este artista japonés es delgado y presumido, luce gafas de sol durante la entrevista y se le ve muy seguro de sí mismo y un punto displicente: es normal, porque trazando garabatos para niños se ha forrado, vendiendo sus libros por todo el planeta, y tiene tan alto concepto de su arte que hasta juega a compararse con Picasso o Miró… Aquí le ha editado Coco Books: Gargots, Gargots 2, Gargots amb Taro Gomi, Més gargots (y en Factoría K de Libros y Fondo de Cultura: Garabatos con feeling azul, Garabatos con feeling fucsia, y gris…). Estuvo aquí en Sant Jordi, fascinado por el espectáculo de los libros y agradecido por la solidaridad de los catalanes tras el terremoto de Japón.

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