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La Contra | Julian Gabarre, morfopsicólogo: ‘Tu cara expresa tu alma: tu cara eres tú’

29/08/11 por Víctor Amela

La Contra | Julian Gabarre, morfopsicólogo: ‘Tu cara expresa tu alma: tu cara eres tú’

La Contra de La Vanguardia // 15 de maig de 2000 // Víctor Amela

Tengo 55 años, nací en Grañén (Huesca) y vivo en Barcelona. Soy morfopsicólogo, diplomado por la Société Française de Morphosychologie. Estoy casado y tengo tres hijos, de 28, 24 y 18 años. Creo en Dios, pero comprendo que haya gente incapaz de creer. La morfopsicología es una herramienta para comprendernos

MORFOPSICÓLOGO  JULIÁN GABARRE
Qué ve en mi cara?
–Es usted cerebral. En usted domina el pensamiento. Su mente es comprensiva, ágil, muy abierta a ideas nuevas…
–No me haga la pelota.
–Tiene usted instintos muy poderosos, pero están contenidos. Tiene dificultades para expresar sus sentimientos…
–¿Todo eso se lee en mi rostro?
–Y más cosas: sé cómo funciona usted sexualmente, si tiene más o menos aguante…
–¡Déjelo!
–Sé también que será usted longevo… si se cuida ¡y si no padece un accidente, claro!
–¿En qué rasgos de mi cara ve todo eso?
–En su modelado, en la forma de la frente, en la disposición de los pómulos, en la anchura de la mandíbula, en las orejas…
–¿El rostro, espejo del alma?
–Y el alma, espejo del rostro. Psique y rostro son dos caras de una sola moneda.
–Me parece muy simplista…
–No es simplista, es simple: el rostro es la expresión plástica de nuestra biología, de nuestro sistema nervioso, ¡de lo que somos!
–De ser así, bastaría con mirar a alguien a la cara para saber cómo es, cómo siente…
–Y así es. Y no sólo eso: si me enseña usted dos caras, podré decirle si esas dos personas se entenderán bien o no, en qué encajarán y en qué no, si se complementarán eficazmente en el trabajo o no…
–Demasiado determinista, ¿no?
–No: es cierto que cada uno de nosotros tiene un marco genético invariable, unos rasgos prefijados… Pero también el entorno influye (y los logros de tu voluntad), ¡y eso se refleja asimismo en elementos del rostro!
–Pero una cara… ¡no puede cambiar tanto!
–¡Sí cambia! Compare las caras del Sinatra joven y del viejo: de joven su rostro es “retraído” y de viejo, “dilatado”. Eso sucede en quien alcanza sus aspiraciones personales.
–Si dos personas se parecen en la cara, ¿serán psicológicamente similares?
–Habrá que ver en qué se parecen y en qué no: ¡hay miles de rasgos en una cara, y cada
uno habla de una cosa! Y además habrá que analizar cómo se combinan… Créame: ¡no hay dos rostros idénticos! Ni tan siquiera son iguales los rostros de dos hermanos gemelos.
–¿Y si generamos un clon de mí?
–¡Ni siquiera en tal caso! Un diferente entorno haría que los rostros se diferenciasen.
–¿Quiere eso decir que si yo me hubiese criado en otra familia, mi cara sería otra?
–¡Por supuesto! Varios de sus rasgos serían distintos en la zona media del rostro (de de-
bajo de las cejas a encima de la boca), que es la zona de los afectos y los sentimientos.
–No sé si todo esto es muy científico…
–Desde la antigüedad, la fisiognomía señala correspondencias entre lo físico y lo psíquico. Y en 1775 Lavater escribe: “La esclavitud, la miseria y ciertas profesiones degradan la facciones del rostro y comunican a la expresión algo de aflictivo”. Durante el siglo XIX se suceden los estudios de médicos y psicólogos, hasta que el médico psiquiatra francés Louis Corman funda la morfopsicología
(de morfo –forma– y psicología) en 1937.
–Insisto: ¿es un conocimiento científico?
–Sí, porque hemos establecido unas leyes generales, unos principios biológicos. La fisiognomía es un arte, mientras que la morfopsicología tiene leyes que pueden enseñarse, aunque siempre habrá quien tenga más talento que otro para interpretarlas.
–¿Y para qué sirve la morfopsicología?
–Para penetrar en la psique humana: para diagnosticar psicopatologías, para avizorar tendencias en un individuo… Esto puede ser muy útil para psicoterapeutas, para pedagogos y maestros, para la selección del personal idóneo en las empresas.
–¿Ah, sí?
–Sí. Un empresario con gran capacidad creativa pero algo disperso necesitaba un colaborador y me consultó: le recomendé a uno que, por sus rasgos faciales, denotaba gran capacidad de concentración y concreción. Y el tándem funcionó: ¡hoy cuadruplican ventas!
–¡Eso sí es triunfar por la cara!
–No lo dude: ¡triunfamos por la cara! De cada rostro nos atrae lo que a nosotros nos falta. Una cara nos atrae, nos enamoramos… Y, ¿qué queda cuando ya pasó la pasión? ¡Los antagonismos! ¡Ese es el problema!
–Entonces, ¿todo enamoramiento pasional está condenado –a medio plazo– al fracaso?
–Vienen a verme parejas que se pelean constantemente, y muchas salen reconciliadas. ¿Cómo? Les hago ser conscientes de qué rasgos del rostro del cónyuge –¡inconscientemente!– les disgustan. Y lo superan.
–Le pongo una prueba: mire en esta revista el rostro de esta actriz. ¿Qué ve?
–La nariz –zona de afectos– entra en la zona de la boca –instintos, materialidad–: le atrae el dinero, pero esa boca grande indica que es derrochadora.
–Es Penélope Cruz. ¿Y si se operase?
–Si fuera levemente, no pasaría nada. Si fuera un cambio plástico notable, podría provocarle desequilibrio psíquico: ella no vería ahí su alma, no se reconocería a sí misma…
–Oiga, y las cejas de Zapatero ¿qué dicen?
–Son picudas: inteligencia fotográfica, recuerda todos los detalles; en una frente alargada: es un idealista… ¡Le falta concretar!
–¿Y Aznar?
–Ojos hundidos: capacidad de concentración. Nariz de ventanas cerradas: pocos amigos, le cuesta decir “te quiero”. Marco estrecho, plano: control del gasto, rígido, inflexible, poca capacidad de delegar. Pómulos anchos y altos: necesidad de protagonismo.
–O sea, que todo está escrito en la cara…
–Y puede leerse. Tu cara es la terminal de tu neurofisiología. Tu cara eres tú.
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POR LA CARA
Apenas entro en su despacho, Gabarre escanea mi cara con su mirada y tengo la incómoda sensación de que ya sabe de mí cosas que hasta yo desconozco. Inconscientemente, todos nos forjamos una idea de los demás por su cara; pero Gabarre sabe hacerlo conscientemente, con minuciosa precisión, porque
conoce las leyes de la morfopsicología. Gabarre expone esos conocimientos en “El rostro y la personalidad” (Ediciones Flumen), libro donde glosa la relación de cada rasgo de la cara con la
psicología de la persona. Está considerado en eso uno de los mejores del mundo, pero avisa: “No se trata de juzgar, sino de comprender”. Es una rama del saber con mil implicaciones: “Ante el rostro de un niño,  puede indicarse qué inclinación conviene dar a su educación…”

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