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La Contra | Enrico Silverio, experto en la antigüedad romana

06/08/11 por Victor Amela

Enrico Silverio, experto en la antigüedad romana

“Marco Oclatinio Advento fue el James Bond romano”

Tengo 35 años. Nací y vivo en Roma. Soy jurista, especialista en derecho romano. ¿Estado civil? ¡Nadie me quiere! ¿Política? ¡Romanista extremo! Soy cristiano católico. Roma utilizó el espionaje desde el siglo III a.C.: la Castra Peregrina fue como la CIA y el Pentágono juntos

VÍCTOR-M. AMELA
¿Qué rasgo distinguía a los antiguos romanos?

Su concepto de lealtad: lo observaban entre ellos, y también con los enemigos.

¿Leales con el enemigo?

Debía combatírsele cara a cara. Tenían una noción religiosa, recta, de la guerra: sin asaltos nocturnos, sin espionaje.

¿No tuvieron espías los romanos?

Sólo a partir de las guerras con Cartago (siglo III a. C.): ahí todo cambió, dada la púnica lealtad de Aníbal, el general cartaginés.

¿Qué era la púnica lealtad?

La que los cartagineses se tenían entre ellos…, pero no con el enemigo, al que era legítimo traicionar.

Algo que hoy es de lo más normal.

Historiadores romanos como Polibio o Tito Livio se escandalizan: ¡los cartagineses se camuflan con bigotes y barbas postizas!

Qué cucos.

Por eso el general romano Escipión adoptó las tretas del espionaje en caso de guerra.

¿Y hasta qué extremo espió Roma?

Hubo en Roma un centro, Castra Peregrina: albergó una mezcla de CIA y Pentágono, civiles y militares en diversas funciones.

Por ejemplo.

Estaban los frumentari (buscadores de trigo), que se adelantaban a las tropas para conseguir cosechas con que alimentarlas. O los exploratori, adelantados de las legiones para conocer el terreno. O los especulatori, infiltrados en territorio enemigo para espiar a las tribus que había que conquistar.

Estos ya eran genuinos espías.

Decisivos en guerras como la de Dacia, en la que el caballero Tiberio Claudio Máximo se avanzó y preparó el ataque.

¿Qué más clases de espías había?

Delatores: si contaban algo trascendente a un magistrado, cobraban. Si eran esclavos, podían ganar su libertad.

¿Algún caso que lo ilustre?

Tras unas muertes misteriosas en la Roma del siglo IV a.C., una mujer contó lo que sabía a cambio de inmunidad: desveló una conjura de mujeres contra hombres públicos importantes, incluidos maridos suyos…

¿A qué respondía esa conjura?

En esa época la familia romana era rígidamente patriarcal, la mujer estaba muy postergada y se la obligaba a vestir austeramente. El contacto con los griegos, cuyas mujeres se vestían con vivos colores y se adornaban, cautivó a las tristes romanas…

Anhelaban más libertad, claro.

Para coartarlas, los mandatarios romanos decretaron leyes contra el lujo. Y algunas mujeres romanas se hartaron… y empezaron a envenenarlos.

Hasta que la delatora las descubrió.

Se condenaron al negarse ante el juez a beber del brebaje que tenían preparado.

Qué cosas pasaban en Roma…

Los senadores votaron matar a Tiberio Graco, tribuno de la plebe. Como no podían derramar sangre intramuros de Roma, desfilaron solemnemente en procesión… y lo mataron a golpes de taburete.

Qué homicidas tan escrupulosos.

Se desencadenaron guerras intestinas, y hasta Cicerón tenía milicia propia, y amenazaba así a su enemigo: “¡Cuidado, Catilina, que ojos te observan y oídos te espían!”. Y Catón, cuándo arresta a los cómplices de Catilina, se plantea si matarlos o juzgarlos.

¿Y?

“Sorprendidos traicionando, no es preciso juzgarlos”, se dice, ¡y los mata sin juicio!

Como Obama a Osama.

Estamos igual. La razón de Estado… Por cierto, ¿recuerda el zapato arrojado a Bush?

Sí.

En un encuentro entre el emperador Constanzo II (siglo IV d. C.) y tribus germanas, estas disponen una trampa: uno arrojará su calzado contra el emperador, señal para atacar.

¿Usó espías Julio César?

Envió naves pintadas de negro al canal de la Mancha para preparar ataques a Britania.

¿Y Augusto?

Estableció una red de postas por todo el imperio: Roma centralizó así una ingente cantidad de información.

¿Le llegó alguna de un tal Jesús?

Jesús fue uno más de tantos anónimos revoltosos judíos. Sí envió, mediante un liberto espía, cartas de amor a Cleopatra…

Sin éxito, pobre.

Por eso ordena su arresto y ella se suicida. Y su hijo desaparece. Augusto temía a ese niño, Cesarión, por ser hijo de César…

¿Y hubo agentes dobles?

Marco Aquilino Felice, sicario contratado por Didio Giuliano para matar al general Septimio Severo, acaba aliándose con él: hizo luego una gran carrera militar.

¿Hubo un James Bond romano?

Voto por Marco Oclatinio Advento (siglo III d. C): soldado humilde, fue frumentario y acabó dirigiendo los servicios secretos de la Castra Peregrina y construyendo en Britania una red de espías ¡que duró un siglo!

¿Tanto?

Llegó a prefecto urbano, ¡y a ser propuesto como emperador! Declinó, y fue inteligente: el siguiente emperador, Macronio, fue apuñalado…

¿Y qué pasó con su red de espías?

Fue desmantelada un siglo después por el hispano Teodosio, padre del emperador Teodosio I: descubrieron que esos espías estaban espiando ya a favor de los britanos…

¿Cómo se castigaba a un espía traidor?

Amputándole una mano. Aunque, ya puestos, solían amputarle las dos manos.

 

Espías del imperio
Una red de contraespionaje de la Roma antigua tenía al frente a un torturador tan taimado – ¡habilísimo sembrando pistas falsas!- y temible, Paolo, que algunos arrestados preferían suicidarse a someterse a su sadismo… Es una de las innumerables historias de espías, intrigas, delaciones y traiciones protagonizadas por agentes de los servicios secretos romanos documentadas por Enrico Silverio, jurista romanista autor del estudio Servici segreti in Roma antica (¿algún editor se anima?), junto a la arqueóloga Anna Maria Liberati (comisaria de los bienes culturales de Roma), estudio exhaustivo cuajado de historias fascinantes. Silverio y Liberati han estado en las jornadas de Tàrraco Viva.

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