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CRÍTICA DE TV | Merendar, llorar y cobrar

01/07/11 por Victor Amela

Víctor-M. Amela
No sé cómo siendo tan católico, no me perdona!”, clamó ayer Lydia Lozano en el plató de Sálvame, refiriéndose a Albano, y rompiendo a llorar acto seguido, por supuesto.

¿Cuántos años lleva coleando la historia de la hija de Albano, Ylenia Carrisi, en los corrillos televisivos? Ya ni me acuerdo. Un día Lydia Lozano sostuvo en un plató que la joven Ylenia Carrisi no murió ahogada en las turbulentas aguas del río Misisipi, cabe Nueva Orleans, como se daba por cierto. Y desde entonces comenzó un folletón al que se ha dado carpetazo varias veces, para ser reabierto otras tantas, porque rinde beneficios en términos de audiencia e ingresos para la televisión.

Lydia Lozano prometió en su día, tras un debate con Albano, que no volvería a hablar del caso (y Albano archivó su demanda contra ella mientras ella no abriese la boca sobre el asunto). Es lo que a Lydia Lozano le tocaba hacer: si no has podido demostrar lo que afirmas, humilla la cerviz y calla.

Pero no le ha servido de mucho a Lydia Lozano su promesa de silencio: pasan los años, y sus compañeros, colegas y jefes de Telecinco se empeñan en reabrir periódicamente el caso, por el placer de ver cómo Lydia Lozano rompe a llorar. Ayer volvió a suceder en Sálvame (le preguntaron, rompió a llorar y abandonó el plató), tras la emisión la víspera de un reportaje sobre el caso Ylenia. Una tertuliana que llora con esta facilidad es una mina: por alguna razón, al personal le gusta ver llorar a Lydia Lozano.

Y, por la misma u otra razón, al personal le motiva el caso Ylenia: ¡casi un 20% de cuota de pantalla registró ese reportaje! Ayer, viendo Sálvame pensé que en el fondo Lydia Lozano es una persona afortunada: para ganarse bien la vida le basta con acudir a un plató de televisión, merendar (ayer tenían marisco y pulpo gallego), y llorar.

A ella le duele, porque se siente degradada como periodista (“¡dicen que mis informaciones son una mierda!”, se lamenta), padecimiento de mucha risa. El día en que se relaje, esta mujer se dará cuenta del chollo que tiene. Claro que ese día quizá deje de afectarle su supuesto prestigio periodístico (ja, ja) dañado, y entonces ya no rompa a llorar, por lo que dejará de interesarnos a nosotros, los sádicos telespectadores, porque nos excitan esos vistosos y lacrimógenos padecimientos de la muy llorica Lydia Lozano, la que resucitó a Ylenia Carrisi, hija de Albano.

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