La Contra...

La Contra | Eva Gabrielsson, viuda de Stieg Larsson

10/06/11 por Victor Amela

“¡Stieg no toleraba que nadie me afrentase! Y ahora…”

Tengo 57 años. Soy sueca, vivo en Estocolmo. Soy arquitecta. No estoy casada, viví 30 años en pareja con Stieg Larsson. ¿Política? Los valores de la Revolución Francesa. No sé etiquetar mis sentimientos espirituales. Stieg estaría hoy muy furioso con su padre y su hermano

VÍCTOR-M. AMELA
¿Recuerda el día en que conoció a Stieg Larsson?

Era un día gris, hacía frío. En un instituto vi a Stieg entre un grupo de estudiantes: vendía libros contra la guerra de Vietnam. Yo tenía 18 años, él 19.

¿Qué le gustó de Stieg?

Que vivía según los valores que proclamaba: esa coherencia y esa pasión me enamoraron. Lo primero que me dijo: “Yo soy feminista”. Y lo era. Algo infrecuente entonces.

¿Basta eso para enamorarse?

Hay además una cuestión misteriosa, de química. O la hay o no la hay. Y la había.

¿Y qué le gustaba de usted a él?

Que no me asustaba ante nada, no me colapsaba ante los problemas, encontraba salidas y no perdía el buen humor. A los 20 años, le animé a escribir para la prensa sobre esos asuntos políticos y sociales que le movían.

¿Stieg no fue periodista por usted?

Stieg hubiese sido periodista de todos modos. Pero yo le animé, como él a mí.

¿Qué valores guiaban a Larsson?

Combatía a la extrema derecha sueca y abogaba por la igualdad entre hombre y mujer.

¿Hasta qué punto?

El de arriesgar su vida. Le amenazaban de muerte grupos de extrema derecha.

¿Tan peligrosos eran?

Nazis, skinheads… Hoy son menos violentos, han entrado en el Parlamento y piden deportaciones de emigrantes…

¿Temía Stieg Larsson por su vida?

La policía le comunicó que estaba en una lista de un grupo que ya había asesinado a un sindicalista. Las amenazas se repetían.

¿Cómo afectaba eso a su día día?

Para protegerme, no nos casamos. Él no quería que su apellido me colocara a mí en la diana. Domicilio y recibos iban a mi nombre, y así era más difícil localizarle a él.

¿Vivían bajo el mismo techo?

Sí. En los últimos años trabajábamos en dos ciudades y a veces yo pernoctaba fuera.

¿No figuraban como pareja de hecho?

No existe tal registro en Suecia: ¡así de retrógrados somos en políticas de género! España era para nosotros un modelo: luchamos por tener leyes similares a las vuestras en parejas de hecho, matrimonio homosexual, violencia machista…

No estar casada la ha perjudicado.

Fui su pareja muchos años, pero la ley sueca no me da ningún derecho sobre su legado.

Sobre los pingües beneficios que ha rendido la serie Millennium.

Calculo que me corresponderían no menos de 50 millones de euros sólo por la venta de los libros, sin contar las películas y otros beneficios…

¿Quién se queda con ese beneficio?

Su padre y su hermano. Se han asociado para explotar el negocio Larsson.

¿Qué diría Stieg ante esta situación?

¡Estaría muy furioso! Él me defendía siempre con firmeza, y no toleraba que nadie me afrentase, como está sucediendo…

¿Qué tal se llevaba Stieg con su padre y su hermano?

Con su hermano, muy mal: son químicas opuestas. Con su padre, se veían algunas veces al año, porque Stieg era considerado y se comportaba muy educadamente, pero no había gran afecto.

¿Qué es lo que más le ha dolido por parte de ellos?

Que insinuasen que Stieg y yo nos habíamos separado.

Discúlpeme, pero… ¡cuánto debe de arrepentirse usted de no haberse casado!

El éxito de Millennium me rodea, es difícil escapar a esta historia… He intentado negociaciones, pero… ¡Y pensar que dos meses antes de su muerte, estuvimos a punto de casarnos!

¿Sí? ¿Y qué les frenó?

Stieg ultimaba la serie Millennium y quería ver si tenía el suficiente éxito como para cambiar el periodismo de denuncia por la ficción literaria, y empezar una vida nueva.

¿Nueva en qué sentido?

Una vida con seguridad económica y sin riesgo físico: pensó que si podía vivir de las novelas estaría más relajado, tranquilo, menos estresado.., pero sin renunciar a denunciar lo que quería denunciar, e incluso de modo más masivo y eficaz.

Y así ha acabado siendo, ¿no?

Pero él murió antes de poder verlo. Millennium se publicó póstumamente… ¡Trabajar tanto mató a Stieg!

¿Trabajar en sus novelas?

No, eso le relajaba, ¡lo gozaba mucho! Pero su trabajo en la revista antifascista Expo…¡Eran demasiadas horas, presión, nervios, estrés…! Y comiendo mal, durmiendo poco… ¡El corazón le falló, no lo soportó más!

¿Se pudo evitar aquello?

Sí. Yo le ayudaba a comer cosas saludables, le animaba a hacer ejercicio, a tomar distancia, salíamos a pasear, pero… él volvía a sus malos hábitos.

¿Cómo se le ocurrió a Stieg la serie Millennium?

Estábamos de vacaciones en el 2002. Y un día que no teníamos nada que hacer, Stieg se puso… Y la cosa fue creciendo.

¿Queda algún texto inédito de Larsson en un cajón?

No. Si alguien hiciese aflorar algo, sería falso: sé todo lo que escribió, estuve a su lado día a día. Me consultaba aspectos de las novelas, basadas en experiencias comunes vividas, las comentábamos…

¿Y si le ofrecen dinero para acallarla?

Ya lo han intentado.

 

La serie ´Millennium´
Eva tiene un aspecto melancólico. Se quedó sin pareja y sin derechos sobre una obra que ella ayudó a forjar, la multimillonaria serie Millennium. Ha pugnado por sus derechos, sin resultado. “¡Me enfrento a una industria multimillonaria!”, denuncia. Le advierto que el resto de su vida puede ser abducido por esta lucha. “Stieg estaría ahora absorbido por este marasmo de seguir vivo”, aduce. Para dejar claras sus posiciones, Eva ha publicado Millennium, Stieg y yo (Destino, y también catalán en Columna), con detalles sobre su relación y sobre la psicología de Larsson. Le pregunto qué haría hoy si Larsson viviese: “Estar juntos en algún lugar tranquilo; y escribiendo, pues Stieg no paraba”.

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