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CRÍTICA DE TV | El fin del mundo

20/06/11 por Victor Amela

Víctor-M. Amela
APOCALIPSIS. Seguro que anoche fue un éxito de audiencia el homenaje al fin del mundo que ofició Iker Jiménez en su programa Cuarto Milenio,un debate sobre el final de todas las cosas anunciado por profetas y civilizaciones mesoamericanas para algún momento de año 2012. Especialistas en apocalipsis y escatología (el estudio de las cosas últimas) debatieron en un plató al respecto de tu final y del mío, del final de los políticos, de los indignados, de la economía y de la televisión. Ha sido una constante de la humanidad: excitarse con la idea de un final para todo esto, la idea de que el final está al caer, de que el vivir se va acabar. Lo único que no tiene final es la idea de final, como se ve. Diríase que es algo que tememos y deseamos a la vez: el final (como en las buenas películas o novelas). Supongo que el fin del mundo es una analogía del hecho de que todos morimos, uno a uno (y, por tanto, todo ha de tener, por semejanza, final). Iker Jiménez ha tenido siempre el acierto de manejar estas pulsiones, masajearlas, estimularlas y urdir a su costa efectistas programas de radio y televisión. Para sortear el escepticismo y la risa, convoca a científicos amigos, más inclinados a filosofar y a especular que a ceñirse a certezas. Con certezas no se va muy lejos ni pueden levantarse programas de televisión. La televisión funciona como espejo de nuestras oscilaciones, vacilaciones y temores. Iker ha sabido traspasar a un plató de televisión las inquietudes adolescentes de las conversaciones nocturnas junto a una tienda de campaña entre sombras y linternas. Hay que felicitarle. Él, seguro que tiene ya firmado su contrato de renovación para más allá del año 2012.

ASTROS. Si un formato televisivo parece no padecer el efecto de crisis alguna es el de la señora Gracia en las madrugadas de Telecinco: su lectura del horóscopo lleva lustros y lustros en pantalla sin desgaste alguno. A su rebufo han surgido muchos otros programas de adivinadores y clarividentes y magos de todas las mancias de madrugada. Es lo mismo que decía antes: necesitamos que nos digan qué va a ser de nosotros, acogernos a alguna de las infinitas posibilidades del devenir, avizorar algún futuro, ceñirnos a una señal. Las señales de mi signo, Libra, no son halagüeñas para esta semana, por no sé qué jugada de Júpiter i Saturno, según he oído que decía la señora Gracia. Procuro no escucharla nunca, pues soy influenciable. Pero la he oído sin querer, ag Bueno, será divertido desafiar a los funestos astros televisados.

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