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CRÍTICA DE TV | Tras los pasos de Jesucristo

29/04/11 por Victor Amela

Víctor-M. Amela: Televisión generalista para la masa, cultura general para la minoría: quizá está bien que así sea

FRAY ÉVOLE. Salvados (La Sexta) ha viajada a Tierra Santa (jueves noche), y allí el reportero coñón Jordi Évole ha husmeado en los lugares sagrados y ha seguido los últimos pasos de Jesucristo en este mundo. Évole ha aplicado aquí su desparpajo desacralizador, el mismo que aplica a la política, al fútbol o a los sindicatos: ahora le ha tocado el turno a la Pasión de Cristo, al fundamento mismo de la religión cristiana, y ha valido la pena: este Salvados un guiño travieso y siempre tierno-desactiva toda tentación dogmática. El tono entretiene y el contenido enseña: Évole ha hecho el libro gordo de Petete del Via Crucis cristiano. Hemos visto dónde cenó Jesús, el huerto de los olivos en que rezó y sudó sangre, hemos tocado la roca del Calvario, acariciado la lápida del Santo Sepulcro y un fray periodista nos ha relatado al estilo de la televisión yanqui el momento de la resurrección. Cuando yo era niño, en Semana Santa veíamos en la tele las películas Fray Escoba y Sor María Rosa de Lima,que inflamaban nuestra fe sacrificial y un poco tristona. Con Fray Évole es más divertido.

HUMANÍSTICA. Cunde la preocupación al respecto del declive de las disciplinas humanísticas en nuestra universidad, de su descrédito, de su pérdida de atractivo y glamur entre los estudiantes. Normal: desde hace años y entre todos hemos ido metiendo en la cabeza de los estudiantes que hay que ser prácticos y licenciarse en alguna disciplina rentable, con la que ganar dinerito para comprarse coche y piso. Ya detectó Nietzsche hace un siglo una deriva que profetizó que llevaría a la escuela a ser una fábrica de empleados: pues ahí estamos, Frederic. La forja de un espíritu ilustrado es otra cosa, algo que hemos acabado por ver como una cursilería improductiva, un vano adorno que no hincha la cuenta corriente. Así que tenemos lo que hemos querido tener, y ahora que lo tenemos, nos asustamos. Las humanidades han perdido fuelle frente al pragmatismo del o caixa o faixa..,y ahora descubrimos que eso debilita la democracia. Señala

Argullol que la cultura ha perdido glamur, y es cierto: el glamur lo tienen ahora la grosería y la chulería, como certifican las jaleadas actitudes de los héroes y heroínas populares de nuestra televisión de masas. Pero tengo claro que la culpa no es de la televisión: si estos personajes de plató seducen más y más espíritus se debe a que no han sabido seducirlos quiénes se jactan de ser cultos, los ciudadanos cultivados, los preceptores de cultura, los profesores de escuela, instituto y universidad, los escritores y poetas, los filósofos y pensadores, los comunicadores cultos, los popes de la cultura: ¡no han sabido ganarse el interés de la gente, cortejarla, seducirla, acogerla, mecerla, mimarla! La televisión, en cambio, ha sabido ser más cálida, acogedora y hospitalaria que la universidad, y por eso gana espíritus y modela cerebros. O bien dejamos de quejarnos y nos esforzamos en hacer atractiva, seductora, glamurosa y sexy la cultura humanística.., o bien aceptamos que la cultura humanística quede recluida a unos círculos restringidos y sibaríticos, casi herméticos, casi secretos. Y quizá no está tan mal que sea así, quizá sea lo mejor para no llamarnos a engaño y saber lo que hay: la televisión generalista para la masa, la cultura general para la minoría.

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