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CRÍTICA DE TV | Compradores de ojos

10/04/11 por Victor Amela

Víctor-M. Amela: El anunciante no ha venido al mundo a mejorar la calidad (?) de la televisión, sino a comprar ojos

ANUNCIOS. José Miguel Contreras, consejero delegado de La Sexta, les ha leído la cartilla a los anunciantes. Ha reñido a las marcas que se anuncian en canales de televisión que no son el suyo. Contreras ha aprovechado el VII Foro Profesional de Anunciantes para pedirles a éstos que dejen de anunciarse en cadenas de la competencia (Antena 3, Telecinco), a las que acusa de ofrecer una televisión “deleznable”, “telebasura”. Ver a un alto directivo de televisión ejercer como crítico de televisión es gracioso. Primero, porque no tiene credibilidad, ya que se trata de una crítica interesada: persigue desacreditar a su competencia a los ojos de los anunciantes y atraerlos hacia su cadena. Por tanto, esa crítica, siendo legítima, no es verosímil, no computa. Por otro lado, es una contrapublicidad algo risible: acaba denotando impotencia ante la competencia (Telecinco y Antena 3), que son los que están llevándose el gato de los anunciantes al agua de la audiencia. Sí: esa televisión tan “deleznable” es la más seguida. Ya no digo “la que más gusta” (¿quizá disguste?), pero sí “la más vista”, que las cifras cantan. (Posible paradoja: ¿podría ser la televisión que más gusta la que más disgusta? Igual sí). Pero a los anunciantes les importa la cantidad de ojos que miran, no lo que piensan los cerebros que hay detrás. Querría Contreras que esa televisión que tilda de “deleznable” y “telebasura” fuese asfixiada por los anunciantes (dejando de anunciarse en sus programas), pero eso es mucho pedir: ¡el anunciante no ha venido al mundo a mejorar la calidad de la televisión (sea lo que sea eso)! El anunciante llama a las puertas de las televisiones para comprar ojos. No convencerá Contreras a los anunciantes de que hagan otra cosa. Doctores tienen los anunciantes, y tontitos no son: saben que la inversión que hacen en anunciarse les compensará en función de la cantidad de gente a la que lleguen. Y se anuncian dónde hay más gente mirando. Lo que tendrá que hacer Contreras en La Sexta es crear programas que atraigan más ojos que su competencia. Y será luego la gente la que decide libremente qué prefiere ver: así es la democracia televisiva, en la que cada ojo vale lo mismo que otro. ¿Preferiría Contreras un tribunal que calificase la bondad o maldad de cada programa de televisión, para decirles luego a los anunciantes en cuál merece la pena invertir? ¿Y ser él quien presidiera ese tribunal? Pero eso ya no sería democracia televisual, eso sería ya otra cosa un poquito más soviética.

EMOCIONES. “Ya está bien, por Dios: sólo quiero ser feliz”, dice María José Galera, la cabeza entre las manos, sollozante. La cámara encuadra esa cabeza gacha, la mano en el pelo, y aguanta el plano. La emoción desatada de una persona es el combustible de la televisión. La televisión convoca en sus platós a individuos con incontinencia emocional: las efusiones extremas de pasiones grantizan el goce del respetable, que se identifica o se burla, compadece o execra. Las emociones mal gestionadas cursan mejor en pantalla que las ideas bien ordenadas. Y hay personas que son volcanes de pasiones hemorrágicas, como la tal Galera, ex concursante del primer GH. Sucedió anteanoche en DEC (Antena 3), y su presentador, Jaime Cantizano, dejó que la aguja del reloj llegase a las dos y media de la madrugada para decir: “Esto es televisión, y la televisión es así de cruda: tenemos que irnos”. Fin de programa. María José ya había aprobado su examen de lágrimas.

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