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tvMANÍA | La Vanguardia “NO TENGO NADA CONTRA EL FÚTBOL”

02/03/11 por Victor Amela

NO TENGO NADA CONTRA EL FÚTBOL
Fútbol a todas horas. Cuesta mucho, sea cual sea el día de la semana, no ver en televisión, casi a cualquier hora, a alguien hablando de fútbol, una repetición de una jugada, la retransmisión de un encuentro, una tertulia, un titular sobre la Liga, la Champions, la Copa…
No tengo nada contra el fútbol. De hecho, entiendo que sin el fútbol habría mucho más maltrato doméstico, más violencia de género, más crímenes conyugales, más revueltas callejeras, asaltos, violaciones, robos y asesinatos. Entiendo que el fútbol es un narcótico social de primera calidad, que palía tensiones sociales, que evita desde revoluciones a guerras civiles, que distrae depresiones y pospone suicidios. El fútbol es muy terapéutico y, entre otras cosas, mantiene unidas a las Españas.
Entiendo que el fútbol proporciona menos perjuicios sociales con su existencia de los que ocasionaría con su ausencia. Entiendo que es un soma, una droga legal, un opio, una religión de altísima adicción y gran efi- cacia. El fútbol, sí, es seguramente la religión más universal y multitudinaria, ecuménica, católica y gregaria del orbe. Y es una religión de muchas misas, más de una por domingo. Es un no parar de misas, de partidos.
No tengo nada contra el fútbol. Es sólo que ya me sale por las orejas. Mis hijos se me han escapado de las manos, y saben más de fútbol que de ninguna otra cosa te- rrestre o celeste, y quizá eso me inyecte al- gún rencor, pues me pone ante el espejo de mi impotencia como padre poco futbolero. El entorno pelotero es demasiado poderoso, y poco puedo hacer más que decir “gol”.
Ya casi me parece que sin fútbol se extinguiría la especie humana como si desapareciese el oxígeno de la atmósfera. Se equivocaban los antifranquistas que hace 35 años decían que el fútbol era una estrategia para alienar al pueblo: es que el fútbol es el alimento espiritual de mayor consumo. Da rabia. Es que yo con menos me arreglaba, es que me sale por las orejas, ya digo.

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