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La Contra | La Vanguardia: Marzban Cooper, parsi zoroástrico en el mundo digital

11/03/11 por Victor Amela

“El zoroastrismo es la religión de la buena vida”: tengo 42 años. Nací en Bombay, viví en Nigeria, Gran Bretaña, Alemania y, ahora, en Catalunya. Soy ingeniero y socio de una agencia interactiva de creación publicitaria. Vivo en pareja y no tengo hijos. ¿Política? Tolerancia y convivencia. Soy zoroástrico: creo pero no practico.

Así que zoroástrico…

Sí. Mi abuelo era sacerdote del culto zoroástrico. Es una religión muy, muy antigua.

¿Cuán antigua?

Con raíces 1.500 años antes de Cristo, cuajó en Persia en el siglo VI a.C: es anterior al islam, al cristianismo, al judaísmo… ¡Es el primer monoteísmo!

¿Qué Dios veneran?

Ahura Mazda, y por eso al zoroastrismo se le denomina también mazdeísmo. El fuego simboliza la divinidad.

¿Y el término zoroastrismo?

Deriva de Zoroastro (en griego) o Zaratustra (en persa), el profeta de esta religión, nacido en Irán en el siglo VI a.C.

Persa, pues.

El zoroastrismo fue la religión del imperio persa. Una comunidad persa emigró hace mil años –llevaban en el barco el fuego sagrado– y se asentó en India, en Guyarat: por eso somos parsis. Yo nací en su seno.

¿Y qué se siente usted: persa, indio…?

Indio de raíz persa, lengua guyaratí y religión zoroástrica, criado en África, educado en inglés y alemán…, y ahora hablo castellano y catalán, y mi casa es Barcelona.

¿Qué propugna su religión?

Un monoteísmo muy respetuoso con los cuatro elementos de la naturaleza… Por eso, cuando alguien muere, en vez de contaminar los elementos quemando su cadáver (aire y fuego), enterrándolo (tierra) o arrojándolo al agua, su cadáver se deposita en la torre del silencio…

¿Qué torre es esa?

Una torre redonda, cerrada y protegida, en cuya azotea se deposita el cadáver para que los buitres vayan devorándolo.

¿Así acabó su abuelo?

Acabó enterrado en Londres. De mayor, se volvió más práctico… Y la verdad es que en Londres vuelan pocos buitres…

¿Qué le gusta más de su religión?

Es una religión de la buena vida. Sin hábitos ni normas dietéticas restrictivas, y sólo tres mandamientos básicos: buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones.

¿Qué estampa de su niñez fue más zoroástrica?

Recuerdo las ofrendas al agua: íbamos al mar o a un lago y ofrendábamos flores y arroz a las aguas…

Creí que adoraban el fuego…

Como símbolo: ¡un fuego debe arder siempre en el templo! Los sacerdotes como mi abuelo tenían una misión: que jamás se apagase el fuego. Mi abuelo estuvo años en la comunidad parsi de Yemen, y al retornar a India, colocaron el fuego en un contenedor especial, para transportarlo en avión de vuelta a Bombay…

Viene usted de un mundo arcaico: ¿a qué se dedica?

¡Soy ingeniero! Mi padre ya lo era: los parsis somos pocos, sólo 60.000 entre mil millones de indios…, ¡y tuvimos que espabilarnos! Los parsis son muy florecientes…

¿En qué ámbito se ha espabilado?

Gestiono una agencia creativa de publicidad digital, interactiva. Y somos fábrica de ideas, con ánimo de experimentarlas, sin tener miedo al fracaso: ¡y ya hemos cristalizado alguna idea con éxito…!

¿Cuál?

Una aplicación de ordenador para escritores, poetas, periodistas…

¿Sí?

Se llama Ommwriter: descarga una pantalla que incentiva tu capacidad de concentración y estimula tu creatividad…

¿En qué consiste esa pantalla?

Es muy sencillo: unos fondos de ciertos colores suaves y tamizados (basados en los principios de la cromoterapia: unos fomentan la serenidad, otros la creatividad…), ciertos sonidos melódicos (varios para elegir), y cuatro tipos de letra para elegir.

¿Y nada más?

Nada, simplicidad. La gente ha llegado a tales umbrales de saturación de ventanas, datos, opciones, multitareas…, que estamos desbordados: ¡necesitamos un espacio de tranquilidad para estar a solas, sin nada más! Y eso ofrecemos: ¡en Japón es ya la aplicación para Mac más descargada!

Muy zen, veo.

Uno de los sonidos es el de cuencos budistas; otro, los que oye el feto en el útero; otro, el del pasar páginas en una biblioteca…

¿Puede ser útil para niños y jóvenes en sus ordenadores de escuelas?

Les puede ayudar a volver a concentrarse, a recuperar su capacidad de leer. ¿Qué niño lee ya…? De niños, nuestros padres nos reñían: “¡Niño, no leas en la mesa!”. ¿Se acuerda, ja, ja…? Ahora sólo veo leer a mis primos de la India, aquí no veo a niños leer…

Profusión de pantallas… ¿Por dónde cree que irá el futuro digital?

Ha llegado la hora de regresar a los orígenes, a la simplicidad del lápiz y papel: ¡esa vía queremos recrear con esta aplicación!

¿Y cómo ve las redes sociales?

¿Es calidad de vida esclavizarte a Twitter, Facebook, mirar portadas, los e-mails? ¿No estaremos convirtiéndonos las personas en periféricos de nuestros terminales…? Estamos demasiado dispersos… Y así no nos damos ocasión para crear ideas nuevas. Por tanto, prefiero ir contra corriente…

Es arriesgado…

Noto en España mucho miedo al fracaso…, y eso os frena. Hay que superar ese miedo: ¡cada fracaso es un aprendizaje! Aquí la gente, en cambio, prefiere ser funcionaria, y veo que hay miedo a pensar a lo grande…

Experimentar

Marzban me recibe en una vieja nave industrial del Poblenou que albergó a principios del siglo XX una fábrica de hélices para aviones. Ahora acoge una agencia creativa multipremiada (www.herraizsoto.com) de la que es socio y que apuesta por experimentar ideas nuevas para entornos digitales (su estrella es la herramienta Ommwriter: www.ommwriter.com/media) y publicitar marcas. Marzban viene de una cultura exótica –de los 120.000 zoroástricos del mundo, sólo hay dos en Catalunya: él y una amiga–, y de una familia muy nómada, pero eso le moldeó para adaptarse a un planeta sin fronteras: habla en inglés a sus colegas y se proyecta sin complejos hacia un mundo globalizado.

Marzban Cooper

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