La Contra...

La Contra | La Vanguardia: Edurne Pasabán, la mejor montañera de la historia

21/03/11 por Victor Amela

“Un amor imposible me convirtió en himalayista”

Tengo 37 años. Nací en Tolosa y vivo en San Sebastián. Soy ingeniera y MBA por Esade. Subo montañas: soy la primera mujer en coronar los 14 ochomiles del planeta. Estoy soltera y sin hijos. No me interesa la política. De tanto ir a Nepal se me está pegando el budismo.

Ha subido a lo más alto.

Aunque yo no me sintiera en lo más alto.

¿No?

En mi vida diaria me he sentido muy poquita cosa, y he intentado suicidarme varias veces.

¿Cómo?

Pastillas, cortándome las venas… y al final llamando siempre al 112, que me salvaba. Quería llamar la atención, supongo…

¿Cuándo fue eso?

En el año 2006: ya tenía ocho de las catorce montañas de ocho mil metros de la Tierra.

¿Y qué le pasaba?

¡No quería vivir! No salía de la cama, sentía que no valía nada, no me quería: encerrada a oscuras, no quería ver a nadie… Es tan, tan jodido… Los demás decían: “¡Pero si lo tiene todo!”. Pues yo no lo veía. ¿Cómo llegué ahí?

Algún conflicto habría, ¿no?

En la montaña me transformo: soy toda autoconfianza, seguridad, coraje… ¡Lo que me ha faltado abajo, toda miedos, inseguridades…! Ahora estoy aprendiendo a aplicar mi actitud montañera a mi vida cotidiana…

¿Por qué confiesa estas inseguridades?

Es parte de mi autoterapia, supongo. Ahora que ya he conquistado las 14 montañas más altas de la Tierra, estoy conquistándome a mí misma: ¡esta es la montaña más alta y más difícil! Pero ahora estoy animada.

¿Qué le llevó a subir ochomiles?

El amor me hizo himalayista: en mi primera expedición al Himalaya conocí a un alpinista italiano, Silvio, nos enamoramos… Ninguno de mis colegas quiso repetir un ochomil. Pero yo sí: por volver a estar con Silvio.

Bonita historia…

Fue un amor imposible: él volvía con su esposa al acabar cada expedición. Estuvimos así tres años, de expedición en expedición… Hasta que tuvo otro hijo, y ya no volvió.

¿Cómo lo vivió usted?

Fue muy duro. Silvio Mondanelli había sido mi acicate, era un crack,el jefe de mi cordada, y yo subía tan confiada… ¿Sería capaz de culminar un ochomil sin él? Dudé de mí, estuve a punto de tirar la toalla…

¿Y?

Elegí el Cho Oyu… y lo subí. De los catorce ochomiles, el Cho Oyu es el más asequible, eso sí… Pero vi que podía seguir sin él.

¿Hay machismo en la alta montaña?

Puedes ser vista como un lastre… hasta que demuestras que no y coges tu lugar.

¿Hay sexo en la alta montaña?

Hay romances muy intensos y bonitos arriba. No es incompatible gozar del sexo y escalar. Al contrario: si eso alivia tensiones…

¿La han cortejado mucho allá arriba?

No, me identificaban como pareja de Silvio.

¿Pudo la ruptura deprimirla?

Yo sabía desde el principio que era un amor imposible… Pero tuve otra relación posterior de la que sí esperaba más cosas… y no funcionó. Eso sí me afectó.

¿Y cómo salió del pozo?

Mis amigos me animaban a apuntarme a excursiones, expediciones… Me negaba. Un día me animé… Fue bien. Y me metieron en la cabeza lo de completar los catorce ochomiles. Fue en el 2007, y ese reto tiró de mí.

Y hoy es ya la primera mujer alpinista de la historia que ha logrado esa gesta.

Lo importante ha sido sentir que puedo hacer cosas por mí misma, por decisión propia, no por inercias o rutinas: ser yo misma.

Pero ha puesto su vida en peligro…

En el descenso del K2 me detuve a descansar, me quedé adormilada… ¡y suerte que otros venían detrás de mí y me vieron!: hubiese muerto congelada. Los descensos son más peligrosos que las ascensiones.

¿Por qué?

Vas más desgastado y desconcentrado, con la relajación del éxito… Pero el éxito no es llegar arriba, ¡el éxito es llegar abajo!

¿Ha padecido alguna congelación?

Sí, tuvieron que amputarme un dedo de cada pie (el de al lado del dedo gordo). Me congelé con Juanito Oiarzábal, pero a él tuvieron que amputarle más dedos que a mí.

¿Ha visto morir a compañeros?

Sí, los he visto despeñarse. En esos momentos se te activa el instinto de supervivencia: sólo piensas en salvarte. Hasta que no estás a salvo no calibras de verdad lo sucedido. No es egoísmo, ¡es algo instintivo!

¿Quedan restos de alpinistas en las cumbres?

Si subes al Dhaulagiri pasarás un repecho con el cadáver congelado de un alpinista neozelandés. ¡El gran alpinista es el que sabe darse la vuelta!

¿Qué quiere decir?

Saber cuándo no puedes seguir es clave: regresas…, ¡y ya habrá otra ocasión! Pero si sigues… quizá acabe todo ahí. La persona valiente es la capaz de retornar y hacerse autocrítica, no la suicida.

¿A qué ochomil no volvería jamás?

Al K2. Es la cima más complicada. También ofrece la vista más espectacular.

¿Daría un consejo a un lector deprimido y a su entorno?

Sólo hay un consejo: cree en ti. ¡Nadie puede hacer nada por ti! Sólo tú. Y al entorno: estar ahí… y paciencia. No le pidan nada al deprimido, le harán sentir más culpable…

¿Qué planes tiene ahora?

Subir al Everest sin oxígeno, en abril, porque es el único ochomil que hice con oxígeno. Y recuperar mi vida, ser la heroína de mi vida: me gustaría tanto tener hijos…

¿Está ahora enamorada?

Creo que sí.

14 ochomiles
Ha conocido todos los techos del planeta, pero seguirá subiendo montañas. “¡Las botas no se cuelgan!”, me declara. Edurne Pasabán (www.edurnepasaban) es una persona clara como una arista del Himalaya, pero a la vez cálida y humilde: pocas veces alguien me ha confesado en una primera charla tantas inseguridades y tropiezos. Admirable. Esperaba encontrar a una mujer granítica y encuentro carne que tiembla: lo confiesa en Catorce veces ocho mil “mi familia en el Himalaya”-, con los que comparte arroz con lentejas y a los que quiere dar trabajo de temporada en su restaurante.

Deja tu mensaje

Avísame si hay comentarios. Sin comentar, pero me subscribo aquí

Back to top