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CRÍTICA DE TV | “Apocalíptico: ahora sí”

14/03/11 por Victor Amela

Víctor-M. Amela: Piqueras no halló epítetos para el tsunami de Japón; ya los había dilapidado con mil chirimiris

METEOROS. Pedro Piqueras no ceja en su empeño de convertir el mundo entero en un gran espectáculo. Un show diario, eso es lo que ha perseguido y persigue Piqueras con su informativo (Telecinco) de entretenimiento y distracción. Y lo que más juego le ha dado cada día a Piqueras son los meteoros, la naturaleza desatada: frío, viento, lluvia, nieve, granizo, inundaciones, huracanes, ciclones, remolinos de viento, terremotos, volcanes. Caen cuatro gotas en Algeciras… y es el diluvio universal. Esta semana – el lunes pasado-le hemos visto comentar unas pacíficas erupciones de mansa y ardiente lava vomitada por el volcán Kilauea de Hawái, rubricando así las llamativas imágenes: “¡No hay que fiarse de los volcanes dormidos!” Vaya, Pedro, tú quieres que en Olot empiecen ya a temblar…

TSUNAMI. Por eso fue raro asistir anteanoche al informativo de Piqueras: Piqueras lleva meses y meses vendiéndonos cataclismos naturales a raíz de cualquier traza de lluvia, ventolera o granizada de tres al cuarto: “apocalíptico”, “escalofriante”, “terrible”, “infernal”, “tremebundo”, “terrorífico”, nos ha dicho Piqueras de cualquier pequeña adversidad. Piqueras tenía ya agotado los adjetivos del horror, los había dilapidado en la caseta de feria de los titulares del día a día. “¡Tensión y miedo!”, nos subrayaba el otro día por las lluvias – cuatro gotitas-de Algeciras. “¡Pánico!”, nos ha ponderado Piqueras al respecto de mil tonterías… Y ahora llega el terremoto y el tsunami de Japón… y Piqueras se ha quedado en pelotas, claro: no ha podido encontrar adjetivos de grado superior para calificar lo que de verdad tiene grado superior. Imposible, demasiado tarde. Cuando has vendido mil veces que cualquier olita del mar Cantábrico es un tsunami, ¿qué podrás decir el día en que un tsunami de verdad arrasa las costas japonesas? Piqueras ha banalizado de tal modo cualquier fenómeno natural que ha acabado por desactivar los que un día – anteayer-son de verdadero espanto. “Que viene el lobo, que viene el lobo”, dice el pastor, y llega el día en que ya no puede distinguir un chirimiri de un tsunami, un terremoto de un nublado. Piqueras ha seguido esta tónica porque sabe que nos gusta estremecernos ante unas imágenes impactantes: por eso estoy seguro de que, de todos modos, los informativos de televisión tuvieron ayer una audiencia superior a la media, pues todos estábamos pendientes de dejarnos asombrar por la potencia de la naturaleza, por las imágenes de un bramido indomeñable de la tierra. Le llamamos información, pero no es sólo eso, es también emoción, una emoción pánica ante nuestra propia pequeñez, ante lo que les pasa a otros y puede pasarnos a nosotros cualquier día. Ver de la que nos hemos librado es muy magnético. Llevamos en nuestros genes la pulsión de la revelación de fin del mundo. Y Piqueras lo sabe.

BARCO. El barco (Antena 3) es una serie resultona para espíritus adolescentes, entre Scooby Doo (como dice el amigo Arús) y Viaje al fondo del mar,aquella serie del submarino de mi niñez. Combina cuerpos Danone, pasiones cruzadas, claustrofobia y aislamiento a lo Perdidos,roces jerárquicos, homenajes hitchcockianos y efectismos de videoclip, con sudor de atrezzo y – siempre-alguna Coca Cola (¡hay que buscarse la vida con chispa en plena crisis!). El barco también tiene algo de cine de catástrofes. Lo del Japón lo deja también en mantillas…

 

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