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Milà, Hermana Mayor

23/10/10 por Victor Amela

Amela Gran Hermano Mercedes MilàHa regresado a la pantalla “Gran Hermano” (Telecinco), ya en su duodécima edición. Es un formato televisivo perdurable porque es televisión a caño grueso: un grupo de personas más o menos disfuncionales conviven bajo las cámaras, azuzados por los responsables del programa, para aburrimiento de unos y distracción de otros. De entre estos concursantes emergerá alguno particularmente llamativo (conflictivo), capaz de generar momentos tensos e intensos, y a costa de ello se llenarán horas de televisión en la cadena. Pero más allá o más acá de los enredos derivados del encierro y de la dinámica entre estos concursantes, por muy peculiares que sean, el pilar de este programa es otro: se llama Mercedes Milá, la más peculiar.

Mercedes Milá, la presentadora de las galas de “Gran Hermano” en Telecinco, es la baza principal de este formato televisivo multinacional. Mercedes Milá es la singularidad española (y recuérdese que es en España dónde más cuajo y seguimiento ha alcanzado este formato), quizá el más eficaz gancho de estas emisiones. Porque es imprevisible. El telespectador espera con curiosidad las reacciones de Mercedes Milá ante cada situación, espera a ver cómo trata a este o aquel concursante, a ver cómo riñe, abronca, impone silencio, reconviene, se indigna, se enfurece, grita… Los estados de ánimo de Mercedes Milá –más o menos impostados- son un material televisivo de primera categoría.

También queremos ver cómo presenta, claro, pero presentar televisión televisivamente no se reduce a dar paso a vídeos y dar la palabra a colaboradores, sino supone generar espectáculo. Y nadie da tanto espectáculo como Mercedes Milá, desde su peinado y su vestuario, sus inflexiones de voz, su gestualidad de boca y ojos, desde sus muecas hasta sus traspiés, sus desencuentros con el “autocue” (los textos que lee mirando a cámara) y sus quejas en directo dirigidos a sus jefes. Espectáculo integral, pilar de “Gran Hermano”, su gran hermana mayor.

Creative Commons License photo credit: LUCA MAININI / visual artist

KATTY 25 octubre 2010 a las 11:27

V. Amela tiene toda la razón: es la Milà el espectáculo en sí, los demás, los ratoncillos, son solo adornos, excusas cada vez más edulcorados.

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Bares Auténticos 25 octubre 2010 a las 11:40

Es lo que dicen, que parece que hayan inventado Gran Hermano para Mercedes Milà

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marta 27 octubre 2010 a las 14:07

No hay nada mas insoportable que los pseudo-presentadores, pseudo-periodistas. Que van de intelectuales y serios y los programas que presentan son basura de lo peor. Ejemplo: Jordi González en La Noria
(no iba a tomarse un año sabático en Australia?) por favor que vaya a visitar los canguros y se lleve con él toda esa ristra de «colaboradores sesudos» que se creen siempre en posesión de la verdad. La Milá es otro ejemplo de periodista hortera. Por favor no vayas de lo que no eres Merceditas!!!

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Rubén Aparicio 23 diciembre 2010 a las 21:07

Desde luego que Mercedes es el niño Jesús de ese Gran Belén, apodado gran hermano, donde acuden desde pastorcillos con piel de lobo, hasta reyes magos y algún que otro burro. Está claro que un momento de espectáculo deja paso a un dogma televisivo que se reparte entre las diferentes diócesis de Telecinco: Sálvame, Resistiré, Qué tiempo tan feliz!
A veces dichas diócesis promueven concilios donde se espeta comentarios,blasfemias, dichos, textos apócrifos que juegan y renuevan ese estilo peculiar de hacer e implantar una «religión-televisiva». ¿Quién no se imagina el Concilio de Trento como un corrillo de la Campos o una merendola a lo Kiko Hernandez -con posible envenenamiento-?.
Y es que la tv ha sustituido a los crucifijos … no ha de ser extraño ver a las monjitas de bocaditos de cielo hacer televisión…. eh ahí las tímidas transformaciones de la Iglesia.

Y yo me pregunto ¿ cuándo vendrá el proceso de beatificación de la televisión?

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